sábado, 26 de marzo de 2016

REFLEXIONES DE LA PALABRA (CCXXV). Viernes Santo



El relato de la Pasión de Jesús en el evangelio de san Juan se presta mucho más a la contemplación que a la explicación, pues es un misterio que debemos vivir como la fuente más profunda de todo nuestro comportamiento, ya que nadie puede ser cristiano si no asume que Jesucristo, el Hijo de Dios, ha entregado su vida por la salvación de toda la humanidad aceptando la muerte, y una muerte de cruz.
Pero la muerte de Cristo es su victoria. Dios tiene esa manera tan rara para nosotros de hacer las cosas, qué le vamos a hacer. El Cristo crucificado, que entrega su vida y muere por todos, es el verdadero vencedor, ya que muriendo en la cruz lleva a cabo la obra que Dios Padre le había encargado, que es la de salvar a la humanidad.
Yo os invito hoy, como nos invita la Iglesia, a que miremos a la Cruz de Cristo. Pero a la Cruz con mayúsculas. Porque una cruz vacía… esa no es la Cruz del Viernes Santo. La Cruz del Viernes Santo es la cruz en la que aparece clavado Jesucristo. La Cruz del Viernes Santo es la imagen “del Santo Cristo”, porque al “Santo Cristo” no podemos separarlo de la Cruz, ni a la Cruz podemos separarla del “Santo Cristo”. Pues bien, parémonos, por un momento, a pensar lo que significa para nosotros el Santo Cristo. Y tenemos que hacerlo iluminados por los textos de la Palabra de Dios que se nos proclaman en la celebración de hoy.
Y es que Jesús crucificado nos tiene que desvelar de nuestros sueños, nos tiene que quitar la venda de los ojos y ver cómo el dolor de la humanidad se convierte en el dolor de Dios. Porque Jesús, en la cruz, lleva consigo y aguanta los sufrimientos y los dolores de toda la humanidad que sufre. Mirar al Santo Cristo hoy, y cada día, es mirar a todas esas personas que mueren de hambre en medio de la gran abundancia de muchos otros; es mirar a esos países que viven empobrecidos y en medio de guerras para que otros países se hagan ricos explotando las riquezas que les ha dado a ellos la tierra… Mirar al Santo Cristo es mirar a tantas personas y pueblos amenazados por un mal llamado “progreso” que conduce a la cadena de armamentos y a que no se respete la vida de los demás; es mirar a todos los refugiados, por quienes hoy rezaremos especialmente una oración… Mirar al Santo Cristo es mirar la manipulación que se hace de la libertad y otras formas de violación de la dignidad humana; es mirar a los enfermos y a los ancianos que están solos y olvidados, después de haber dedicado toda su vida a trabajar como esclavos… Mirar al Santo Cristo es también mirar a tantos y tantos hermanos nuestros que están siendo asesinados y masacrados por ser cristianos, pero que nos demuestran que ellos sí que tienen lo que hay que tener, y se mantienen firmes en la fe…. ¿¡Cuántas!?¿Pero cuántas vendas se nos tienen que caer de los ojos mirando a Cristo en  la cruz? Qué cuando besemos hoy al Santo Cristo, estemos besando también a todos y a cada uno de los que sufren en el mundo, porque en ellos también está Cristo.
Pero dejadme decir una cosa más –ya sé que os he dicho muchas en menos de cinco minutos, pero hoy es uno de esos días que si me dicen que me alargo, me entra por un oído y me sale por el otro, lo digo claramente- y con ella termino: y es que aunque mirando al Santo Cristo, veamos que en la mayor parte de los casos, Jesús está muerto, la muerte no tendrá la última palabra, como tampoco la tendrán el sufrimiento y la maldad en el mundo, aunque nos toque tragar mucha quina todavía… Porque la cruz no es un signo de fatalidad, sino de esperanza. Una esperanza que sólo se puede entender si se quiere ser fiel a Dios; una esperanza que surge en medio del dolor de la humanidad.

Detengámonos, pues, hoy unos momentos mirando al Crucificado, para dejar que el mensaje de Dios penetre más en nuestro corazón y para poder rezar con la plegaria solemne que la Iglesia hoy nos propone antes de adorar la imagen del Santo Cristo, y así reconocer y acoger el amor de Dios por nosotros.

Mn. Ramón Clavería Adiego;
Director espiritual de Canal Romero.