lunes, 28 de marzo de 2016

REFLEXIONES DE LA PALABRA (CCXXVI). Domingo de Resurrección.


Hoy es un día de inmensa alegría, ya que celebramos el centro y fundamento de nuestra fe, que es la Resurrección de Jesucristo de entre los muertos y su victoria sobre la muerte. Por eso la Iglesia canta alegre y jubilosa el gozo del Señor resucitado, y proclama la infinita misericordia de Dios que ha actuado de forma admirable en la resurrección de Cristo.
Y es que hoy, ciertamente, es el día en que actuó el Señor, un día de alegría y de gozo. Hoy es el día en el que el Padre, por su misericordia, resucitó a Jesús de entre los muertos, completando así el misterio de nuestra redención. Hoy es un día de claridad hermosa que tiene que alumbrar cada día de nuestra existencia. Hoy es el día en que descubrimos la acción eficaz de Dios, que por su misericordia ha querido salvar a los hombres. Hoy es el día en que nos vemos sorprendidos por la acción misericordia de Dios que nos levanta de nuestros pecados, da luz a nuestras preocupaciones, nos conforta en nuestras angustias y tribulaciones, y nos consuela en medio de los sufrimientos y dolores.
Por todo ello, y por muchas cosas más, hoy se nos invita a dar gracias a Dios. A dar gracias a Dios porque es bueno, porque es eterna su misericordia. Por eso que hoy, en este día de Pascua, hemos de meternos de lleno en una actitud de agradecimiento por la misericordia que Dios ha tenido con todos y cada uno de nosotros, al mismo tiempo que reconocemos con fe, y por la fe, la presencia de Jesucristo resucitado; una presencia que tiene que ir iluminando los caminos y senderos de nuestra vida.
También es verdad, y no vamos a negarlo, que por mucho que celebremos la Pascua, hay problemas y situaciones que no desaparecen, pero sí que tiene que desaparecer la forma de afrontarlas y de saberlas integrar en nuestra vida desde la fe y confiando en la misericordia divina; y eso tiene que ser así porque la alegría y el gozo de la fe en Cristo resucitado han de inundar toda nuestra existencia.
Que la Virgen María nos ayude, pues, a celebrar con gozo este día de Pascua, y a que, recordando nuestro Bautismo, dejemos que nuestro corazón se asombre y vislumbre la misericordia entrañable de nuestro Dios, que se ha hecho patente en este día de salvación.

Mn. Ramón Clavería Adiego;
Director espiritual de Canal Romero.