domingo, 3 de abril de 2016

REFLEXIONES DE LA PALABRA (CCXXVII). Domingo II de Pascua


Si nos fijamos en las lecturas de hoy, veremos como tanto el evangelio de Juan y el libro del Apocalipsis quieren que seamos conscientes de la importancia y el sentido de la celebración del domingo, del día del Señor. Porque el domingo es el día en que los creyentes nos reunimos en el nombre de Jesús, escuchamos su palabra y participamos del banquete de la Eucaristía. El domingo es el día en el que hacemos memoria de la resurrección del Señor, del que vive para siempre, y por tanto, es el día en el que celebramos la certeza de que Él mismo se hace presente en medio de la comunidad reunida en su nombre. Es decir, Jesús hoy se hace presente en medio de nosotros como vemos en el evangelio que se hizo presente entre los apóstoles reunidos en su nombre.
Y es que la fe en Jesucristo resucitado se vive y se experimenta, necesariamente, dentro de la comunidad. Nadie, pero nadie, puede vivir la fe en Jesucristo por su cuenta. No nos engañemos. No podemos vivir la fe aisladamente, “a solas”, sino que la tenemos que vivir en familia, en esa gran familia de los hijos e hijas de Dios que es la Iglesia. ¿Y por qué tenemos que vivirla en la Iglesia?¿Por qué lo digan los curas? Pues no. No. La fe la tenemos que vivir en la Iglesia porque sólo así podremos sentirnos apoyados en esa aventura que es creer en Dios. Y si alguno piensa que creer en Dios no es una aventura, pues que se lo pregunte a los cristianos que constantemente están siendo asesinados sólo por serlo. Pero claro, como no son belgas ni franceses, ni tan siquiera europeos… Pues no son noticia, y los medios de comunicación los tratan como si no existieran.
Y creer en Dios es también una aventura; porque a veces, también nos cuesta creer. ¿O es qué a nosotros no nos ha pasado alguna vez como a Santo Tomás, que necesitamos ver y tocar para creer?¿No nos ha pasado?¿Eh?... Pues mirad: creer de verdad en Dios no es sólo decir “sí” a una serie de dogmas y de doctrinas; sino que es arriesgarse a fiarse totalmente de Dios; es arriesgarse a vivir de una manera totalmente distinta, a quitarnos de encima muchos planteamientos y esquemas racionalistas y reconocer que hay cosas que no tienen ni tendrán explicación si no hay un Dios que está detrás de ellas… Creer en Dios es reconocer la presencia del Señor Jesús en medio de nuestras vidas, fiarnos de su palabra, y reconocer que estaremos heridos de muerte si no queremos ser testigos del Resucitado en medio de nuestra vida diaria y si no nos dejamos tocar por su misericordia; porque, aunque seamos tan ciegos que no nos demos cuenta las más de las veces, Dios nos trata a todos y nos envuelve con su misericordia entrañable, nos alimenta y nos envía, como envió a sus apóstoles con la fuerza del Espíritu Santo, a ser testigos suyos en medio del mundo, siendo también misericordiosos con los demás.
Vamos a pedirle, pues, a la Virgen María, ahora que comenzamos el mes de abril, que es el mes de nuestra Morenita, que nuestra vida cristiana no se quede anquilosada, sino que intentemos formar, entre todos, una comunidad viva, una comunidad que exprese con obras de misericordia la fraternidad entre los hermanos y la presencia del resucitado. En resumen: una auténtica comunidad cristiana.

Mn. Ramón Clavería Adiego;
Director espiritual de Canal Romero.