domingo, 17 de julio de 2016

REFLEXIONES DE LA PALABRA (CCXXXVI). Domingo XVI del Tiempo Ordinario


Hoy las lecturas nos invitan a ser acogedores y hospitalarios. El ejemplo de hospitalidad que vemos en la primera lectura que Abrahán dispensa a aquellos tres personajes misteriosos, que se acercan a su tienda, nos dispone a escuchar el evangelio, en el que vemos como Jesús, de camino hacia Jerusalén, se toma un descanso en Betania, donde tenía una familia amiga, y como aprovecha para disfrutar de la amistad y de la hospitalidad de Lázaro, de Marta y de María.
Pues bien, el evangelio nos muestra como esta familia acoge a Jesús en su casa; pero cada una de las dos hermanas, Marta y María, lo hace de manera distinta. Marta se desvive por servir a Jesús, mientras que María se sienta a los pies del Maestro, con actitud de escucha, como el discípulo que acoge la palabra de Dios en su corazón.

Bueno, pues la moraleja que tenemos que sacar, es que nosotros, como María, necesitamos escuchar la Palabra de Dios para que llegue a nuestro corazón y se haga vida en nosotros. Esto es importante, ¿por qué? Pues porque si no escuchamos atentamente la palabra de Dios y la acogemos, ya podremos intentar hacer muchas cosas… que estarán vacías, huecas. En cambio, si primero de todo escuchamos y acogemos la Palabra de Dios en nosotros, esta Palabra nos llevará a la acción, es decir, a servir a Jesús, como Marta, en los demás. Y ya nos podemos poner cabezones pensando lo contrario… que la experiencia nos dice que, sin escucha de la Palabra de Dios y sin rezar primero de todo…. Nada, pero nada nos saldrá bien. Y ya van siendo dos mil años de experiencia como para que se nos venga diciendo lo contrario. ¡Pero ojo!, no nos confundamos tampoco, y con la excusa de la oración y la escucha de la palabra de Dios, dejemos de cumplir con nuestras tareas y obligaciones, porque las cosas tampoco se hacen solas. Por eso tenemos que aprender a ser almas de oración y de acción, es decir, trabajar, y trabajar bien, pero sin dejar de escuchar a Dios presente en nuestra vida, y dejarnos empapar y cautivar por su palabra, y por la celebración de los sacramentos, especialmente la recepción de la Eucaristía.

Y si María, la hermana de Lázaro, escuchó y acogió la palabra de Jesús, otra María, que es la Virgen, lo hizo de una manera muy, pero que muy especial. Pidámosle, pues, a Ella, que sepamos vivir estas dos actitudes: escuchar la Palabra de Dios y ponerla en práctica.


Mn. Ramón Clavería Adiego;
Director espiritual de Canal Romero.