sábado, 6 de agosto de 2016

REFLEXIONES DE LA PALABRA (CCXXXVIII). Domingo XIX del Tiempo Ordinario


Los textos bíblicos de hoy resaltan el valor de la fe, la vigilancia y la esperanza que deben acompañar a todo cristiano en su camino hacia Dios y su Reino.
Pero esa invitación a la espera que nos hace Jesús hoy en el evangelio no es la estar cruzados de brazos esperando a que pase algo; sino que es una invitación a una espera activa, en la que tenemos que ceñirnos la cintura y tener encendidas las lámparas; es decir, una espera en la que tenemos que arremangarnos dispuestos a trabajar por el Reino de Dios, teniendo encendida la lámpara de la fe.
Y para tener encendida la lámpara de la fe, pues necesitamos abandonarnos confiadamente en las manos de Dios. La Carta a los Hebreos que escuchamos hoy nos ofrece ejemplos de personas que han vivido seriamente la realidad de la fe y han caminado bajo su luz, descubriendo así los signos de Dios en sus vidas.
Y es que el Reino es el valor supremo y el criterio que debe regir y determinar el estilo de vida de los cristianos, que tenemos que estar siempre alerta y vigilantes, es decir, con el corazón puesto siempre en el Reino de Dios, confiando en Dios, y trabajando en su servicio.
Vamos a pedirle a la Virgen María que nos ayude para que no organicemos nuestra vida prescindiendo de Dios; porque eso significa que nos dejamos arrebatar y robar lo que verdaderamente tiene valor; sino que estemos alerta y contentos porque se nos ha dado mucho, especialmente, porque se nos ha dado la fe.

Mn. Ramón Clavería Adiego;
Director espiritual de Canal Romero.