sábado, 29 de octubre de 2016

REFLEXIONES DE LA PALABRA (CCXLIX). Domingo XXXI del Tiempo Ordinario


Hoy Jesús, al igual que vemos en el evangelio que hizo con Zaqueo, también nos está diciendo hoy que quiere hospedarse en nuestra casa. Nos ofrece su perdón y su misericordia, porque somos pecadores. Y porque somos pecadores, nos busca y nos quiere dar su salvación.
Que nos quede claro: Dios se compadece de todos. Qué nadie piense que no tiene remedio. No. Todos podemos cambiar de vida para bien. Todos podemos ser tocados por la gracia de Dios. El refrán popular dice que “mientras hay vida hay esperanza”; pues bien, todos, pero absolutamente todos estamos siempre a tiempo de cambiar de vida y de convertirnos.
Y es que la actuación de Jesús con Zaqueo revela el corazón de Dios de la que nos habla la primera lectura, que se compadece de todos, que ama a todos los seres y no odia nada de lo que ha hecho, que cierra los ojos a los pecados de los hombres para que se arrepientan.
Eso sí, nos tiene que quedar claro que no es que a Dios le sea indiferente la mala vida del hombre. Claro que no. A Dios no le da igual que hagamos el bien o que hagamos el mal, faltaría más. Lo que pasa es que Dios está constantemente haciendo la vista gorda con todos nosotros para darnos tiempo a convertirnos. Por eso que, si alguno tenemos esa imagen de Dios como un Dios que está ahí, con la nariz puesta detrás de nosotros, esperando que hagamos alguna para mandarnos un rayo y castigarnos, ya se la puede quitar de la cabeza; porque se equivoca totalmente, ya que ese Dios no es el Dios de Jesucristo.
Por tanto… qué cada uno se pregunte en qué ha de cambiar; pues la respuesta se la ha de dar cada uno personalmente a sí mismo, ya que nadie mejor que uno mismo conoce aquello en lo que ha de cambiar o mejorar.
Que María, refugio de los pecadores, nos ayude a descubrir a Jesús que pasa cada día por delante nuestro y nos ofrece su perdón, para que todos demos gracias a Dios porque es fiel, porque quiere salvarnos, y ayuda a levantarse a los que caen.



Mn. Ramón Clavería Adiego;
Director espiritual Canal Romero.