lunes, 3 de octubre de 2016

REFLEXIONES DE LA PALABRA (CCXLV). Domingo XXVII del Tiempo Ordinario.


Ahora que estamos comenzando el nuevo curso pastoral, vemos que la Palabra de Dios pone ante nosotros con fuerza la gran necesidad de la fe. Por eso en este domingo podemos decir que la petición que los discípulos le hacen al Señor en el evangelio, pidiéndoles que les aumente la fe, es una petición de total actualidad.
Y es que la fe no es algo del pasado, ni un adorno en la vida de las personas. La fe es, ante todo, un decir “sí” a Dios, una llamada a superar miedos y dificultades…, una invitación a seguir a Jesucristo cada día, dando la cara por el Señor, haciendo lo que tenemos que hacer en cada momento, porque, como nos dice san Pablo, la fe es preciso manifestarla y proclamarla con decisión.
Resultado de imagen de domingo xxvii ordinario cTampoco vamos a negar que en la vida de fe tengamos bajones. Hoy, sin ir más lejos, se sigue escuchando en muchas personas el grito del profeta: ¿hasta cuándo clamaré sin que me escuches? Y es verdad. Muchas veces nos puede parecer que Dios hace oídos sordos a nuestras peticiones. Cuando vemos tantas catástrofes, guerras, muerte de inocentes, corrupción y tantas y tantas formas de sufrimiento como nos rodean la fe puede tambalearse y podemos llegar a pensar que Dios es alguien que pasa de nosotros. Sin embargo, si en los momentos difíciles sabemos confiar en Dios, nos daremos cuenta que no es así, que Dios no pasa de nosotros, y que la fe es, ante todo, un don, un regalo que Dios nos ha hecho a cada uno de nosotros en particular. Un regalo que tenemos que dejar que entre en nuestro corazón y que lo transforme. No nos vayamos tan lejos: ¿cuántas personas a nuestro alrededor dicen que no creen en Dios, o que pasan del tema de la religión? Pues nosotros somos unos privilegiados, Dios nos ha dado ese regalo de la fe. No lo dejemos perder.
Así pues, en es este domingo, unidos a los discípulos, tenemos que pedirle al Señor: “auméntanos la fe”. Pero se lo tenemos que pedir de verdad, con sinceridad, con el corazón en las manos. Pidámosle la gracia de aprender a escuchar y a confiar en la Palabra de Dios, que es siempre una palabra de vida, que nos anima en los momentos de dificultad, que todos los tenemos y los tendremos, y que nos compromete también con la tarea de la evangelización.

Pues que con la fuerza y la luz del Espíritu Santo, y ayudados por la intercesión de la Virgen María, nuestra Madre, pidámosle al Señor que seamos capaces de escuchar su voz, de sentir su presencia en nuestra vida, y, con nuestro testimonio, actuar según su voluntad.

Mn. Ramón Clavería Adiego;
Director espiritual de Canal Romero.