martes, 25 de octubre de 2016

REFLEXIONES DE LA PALABRA (CCXLVIII). Domingo XXX del Tiempo Ordinario


Hoy podríamos resumir el mensaje de la Palabra de Dios en la respuesta del salmo: “Si el afligido invoca al Señor, Él lo escucha”. Ahora bien… si rezamos, si acudimos a Dios… ¿cómo lo hacemos? Porque ante Dios no nos podemos presentar con nuestros propios méritos ni decirle lo buenos que somos, pensando que al actuar así tenemos derecho a que nos conceda lo que le pedimos. No. Ahí tenemos el ejemplo del evangelio de hoy, en el que vemos que aquel fariseo que fue ante Dios dándole gracias y alardeando de lo bueno que era, no fue escuchado ni justificado, es decir, que no fue perdonado. Eso es muy gordo. Por eso que, cuando decimos que “yo no tengo pecados”, ojito. Ojito porque nos estamos poniendo a la misma altura que este fariseo, que de auténtico devoto no tenía nada, pero que, en cambio, de chulo, tenía pero que muy mucho.
Y es que Dios nos pide que tengamos la misma actitud del publicano. Aquel hombre era un pecador. Y se reconoció pecador ante Dios. ¿Lo hacemos nosotros?... ¿Somos capaces de reconocernos pecadores?... Porque el que tiene un problema, para arreglarlo, lo primero que tiene que hacer es reconocer que lo tiene. Y para que Dios nos perdone, pues lo imprescindible es que reconozcamos, como aquel hombre, que somos pecadores y que estamos necesitados de su perdón.
Y mirad: el evangelio nos dice que Dios escuchó la oración del publicano, y que no lo rechazó, como rechazó al fariseo. Dios tuvo misericordia del publicano y perdonó todos su pecados. Por eso que tenemos que saber aprender acercarnos a Dios con un corazón humilde, reconociendo y confesando nuestros pecados, sintiéndonos pecadores y necesitados de su perdón y misericordia. Porque Dios no quiere un corazón altivo, sino que quiere un corazón humilde, porque sólo en un corazón humilde cabe la misericordia de Dios.
Pues bien. La mejor actitud de humildad la encontramos en la Virgen María, quien reconoció la obras grandes que Dios hizo en ella, que se consideró como la humilde esclava del Señor. Aprendamos de Ella.

Y no puedo dejar pasar por alto, aunque eso haga que me alargue un poco, que hoy es el Domingo Mundial de las Misiones, el DOMUND. Por eso que os hago a todos una llamada a colaborar activamente con nuestro donativo a ayudar a los misioneros de todo el mundo en su labor de anunciar a Jesucristo; pero también a que pidamos a Dios que todos los hombres y mujeres conozcan a Cristo, el Señor. Porque hoy, nuestro país y nuestra tierra, son también tierra de misión.

Mn. Ramón Clavería Adiego;
Director espiritual de Canal Romero.