martes, 29 de noviembre de 2016

REFLEXIONES DE LA PALABRA (CCLV). Domingo I de Adviento


Resultado de imagen de i adviento aEl tiempo de Adviento que hoy hemos iniciado es un tiempo de espera; y las lecturas que proclamamos hoy en la Eucaristía nos invitan a vivir en esta actitud, ya que nos indican que la venida del Señor ha de ser preparada mediante una esperanza activa, estando vigilantes en el bien obrar y en la oración, llevando una vida digna de nuestra condición de hijos de Dios.
El tiempo de Adviento es, pues, un tiempo de espera, pero de una espera activa. Esperamos al amigo que viene a casa y es necesario que lo tengamos todo a punto para que cuando el amigo llegue encuentre lugar en nuestro corazón. Y ese amigo que viene es Jesús; y el corazón que necesita es un corazón abierto que sepa amar y que se deje amar. Un corazón como el suyo. Un corazón generoso, que sepa perdonar, un corazón solidario, limpio, justo, compasivo, un corazón que ponga paz.
Tenemos ante nosotros cuatro semanas. Es necesario que hagamos todos los preparativos materiales para que las fiestas que se aproximan salgan bien. Pero es aún más importante que aprovechemos este tiempo para “ponernos las pilas” y despertarnos para recibir de verdad a Jesús en nuestras vidas. Porque aunque no nos lo parezca, podemos estar muy dormidos. Por eso que tenemos que despertarnos ante lo que pasa en el mundo, en la Iglesia y a nuestro alrededor y, viendo lo que pasa, convertirnos a Jesús, pedirle que venga a nuestras vidas, que venga a nuestro mundo, que lo necesita. Sí: nuestro mundo necesita a Jesucristo, aunque esté tan ciego que no quiera reconocerlo. Y Jesucristo cuenta con cada uno de nosotros para llegar a todas las personas de nuestro mundo. Por eso tenemos que ser los primeros que abran su corazón a Jesús, y dejar que venga cada día y en cada momento a nuestras vidas, viviendo bajo la luz del Evangelio con alegría y con autenticidad. Y es que, mirad, el Adviento nos invita a vivir nuestra vida cristiana no como mero recuerdo de algo “pasado” ni como la espera de algo que está “por venir”, sino como una “acogida actual” al Señor Jesús, y como un compromiso de ofrecer al mundo un camino de salvación.
Vamos, pues, a cogernos de la mano de Santa María, la Madre de Dios, para recorrer junto a Ella este camino del Adviento, y prepararnos, con su ayuda, para celebrar como cristianos la venida del Hijo de Dios a nuestras vidas.

Mn. Ramón Clavería Adiego;
Director espiritual de Canal Romero.