sábado, 7 de enero de 2017

REFLEXIONES DE LA PALABRA (CCLXIII). Fiesta del Bautismo del Señor.


Con la fiesta de hoy terminamos el tiempo de la Navidad. Del Niño recién nacido que hemos contemplado y adorado en el portal de Belén, hoy pegamos un salto de treinta años, y nos situamos al comienzo de la vida pública de Jesús, que arrancó con su Bautismo en el Río Jordán.
Quiero dejar claro desde un primer momento que el bautismo que administraba san Juan Bautista no es el mismo Bautismo que hemos recibido nosotros, sino que era un gesto de querer enmendarse y cambiar de vida .¿Por qué recibe Jesús, pues, este bautismo de penitencia y de conversión, siendo que no lo necesitaba para nada? Pues para solidarizarse con todos nosotros, que tantas y tantas veces tenemos que corregirnos.
Y es que Jesús comienza su misión evangelizadora recibiendo el bautismo de Juan para mostrarnos que su misión es en favor de las personas. Como dice san Pedro en la segunda lectura, Jesús pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo.
Y, por otro lado, el bautismo de Jesús nos recuerda nuestro propio Bautismo. Porque al igual que con aquel bautismo de conversión Jesús comenzó su vida pública, en el sacramento del Bautismo nosotros hemos comenzado un camino y una misión: el camino y la misión de ser de cristianos, y una vocación: la vocación de ser hijos e hijas de Dios; porque ser bautizados, significa ser seguidores de Jesucristo. Y ser bautizados e hijos e hijas de Dios implica unas exigencias y compromisos, como son el escuchar a Cristo, el Hijo amado del Padre…; creer al Hijo de Dios…; cumplir todo lo que Dios quiere de nosotros…; perseverar siempre en el amor de Dios…; ser humildes y sencillos…; irnos transformando a imagen de Jesucristo…; dar testimonio de Jesucristo…
Pidámosle a la Virgen María que esta fiesta del Bautismo de Jesús nos ayude a vivir nuestra pertenencia a la familia de los hijos e hijas de Dios, que es la Iglesia; de manera que sepamos descubrir, tal y como nos anima a hacer el Papa Francisco, la alegría del Evangelio y a contagiar a los que nos rodean la buena noticia de Jesús.


 Mn. Ramón Clavería Adiego;
Director espiritual de Canal Romero.