jueves, 26 de enero de 2017

REFLEXIONES DE LA PALABRA (CCLXVI). Domingo IV del Tiempo Ordinario


El evangelio de hoy es el comienzo del sorprendente “Sermón de la Montaña” del evangelio de Mateo, en el que Jesús se presenta como el gran Maestro de la humanidad, y donde, como un nuevo Moisés, expone desde lo alto de un monte la nueva Ley de su Reino.
Resultado de imagen de bienaventuranzas
Y para que nos preparemos bien a escuchar este texto, la primera lectura, del profeta Sofonías, que nos dispone a escuchar el evangelio de las bienaventuranzas, nos enseña que Dios quiere que su pueblo no sea autosuficiente ni orgulloso, sino que sea humilde y amante de la justicia. En la segunda lectura, san Pablo, en sintonía con la primera, profundiza en esa predilección y revela que Dios elige para sí a los sencillos y olvidados de este mundo, y que actuando de esta manera, confunde a los sabios, poderosos y fuertes. Y es que el camino de la felicidad no está en el poder o en el dinero, ni en las grandezas y la fama, sino que está en los valores del Reino que Jesús nos propone.
Y ese camino de felicidad que Jesús nos ofrece tiene su hoja de ruta en las bienaventuranzas, donde Jesús nos señala como mejor camino para llegar a la felicidad verdadera la pobreza de espíritu, el despego de los bienes de la tierra –esta semana, por ejemplo, el Papa Francisco ha dicho que el diablo entra por los bolsillos-, también nos muestra la mansedumbre, la paciencia, la justicia, la misericordia y la compasión, el trabajar por la paz en el mundo y estar en paz con nosotros mismos y con los demás… Ahora bien… ¿Estamos dispuestos a seguir el camino que la palabra de Dios nos señala hoy? Un sacerdote, ya fallecido, decía que las bienaventuranzas son a la vez la gloria y la vergüenza del cristiano. La gloria, porque es un programa de vida maravilloso, que nos dignifica como personas y hace posible un mundo mejor. La vergüenza, porque no las cumplimos… ¿Son nuestra gloria o nuestra vergüenza?
Vamos a pedirle, pues, a la Virgen María que nos ayude a cumplirlas; porque la vivencia de las Bienaventuranzas es la puerta para entrar en el Reino de los cielos.


Mn. Ramón Clavería Adiego;
Director espiritual de Canal Romero.