lunes, 20 de febrero de 2017

REFLEXIONES DE LA PALABRA (CCLXIX). Domingo VI del Tiempo Ordinario


Leyendo el Evangelio nos damos cuenta que muchas veces, Jesús, el Señor, dice y propone cosas duras, cosas muy fuertes, cosas que, así, a primera vista, parece que somos incapaces de poner en práctica desde nuestra condición humana.
Hoy, por ejemplo, nos dice que tenemos que ser perfectos, como Dios, nuestro Padre, es perfecto. Es decir, nos pide, una vez más, que tenemos que ser santos.
Resultado de imagen de amad a vuestros enemigosYa la primera lectura nos recuerda, en cuatro líneas, llamada a la santidad que Dios hace a su pueblo. No les invita a esforzarse por ser el pueblo más poderoso, el más sabio, el mejor situado económicamente o con más influencia en la sociedad de aquel tiempo, no… Dios les llama, con fuerza, a ser santos. Y les llama a ser santos porque Él es santo. Y para conseguirlo les indica cual es el camino que han de seguir, que es el mismo camino que nos indica su Hijo Jesucristo: huir del odio, del rencor, tratar a todos con respeto… y eso nos dice que lo hagamos por amor a Dios y al prójimo. No porque nos vaya a pedir un día cuentas de si lo hemos hecho o no, sino por el hecho de que somos templo de Dios y del Espíritu Santo que habita en nosotros. Por eso que tenemos que tratar siempre bien a las personas, porque somos templo de Dios. Y si cuidamos de las iglesias con cariño, y con mimo, procurando arreglarlas cuando están mal; pues con más razón tenemos que hacerlo con las personas, que somos templo vivo de Dios.

Vamos a pedirle a la Virgen María que nos ayude a tener un corazón capaz de perdonar y que no caiga en la tentación del “ojo por ojo, diente por diente”… porque quien vive con deseos de venganza y con rencor, no puede ser feliz nunca.

Mn. Ramón Clavería Adiego;
Director espiritual de Canal Romero.