lunes, 13 de febrero de 2017

REFLEXIONES DE LA PALABRA (CCLXVIII). Domingo VI del Tiempo Ordinario.


Hoy, como en cada Eucaristía, se nos ha proclamado una palabra de vida, una palabra que encierra una sabiduría que no es de este mundo, sino que, como nos dice san Pablo, es una sabiduría divina, misteriosa, escondida, predestinada por Dios antes de los siglos para nuestra gloria. Esta sabiduría es el mismo Jesucristo, quien nos propone un tipo de vida muy especial; un tipo de vida basado en una religiosidad interior y sincera.
Resultado de imagen de sermon de la montañaY es que Jesús no sólo nos dice que no hay que matar y que no hay que robar, que son los mínimos que nos marcamos nosotros. Sino que nos exige mucho más. Nos dice que no sólo no hay que matar, sino que tampoco tenemos que estar peleados con nadie, que no nos tenemos que enfrentar ni enemistarnos con ninguno. Nos dice que no basta con no cometer adulterio exteriormente, sino que además, tampoco lo tenemos que consentir en nuestros pensamientos. Nos dice que no sólo no hay que jurar en falso, sino que no debemos jurar, sino simplemente decir la verdad y ya está… decir sí o no. Y punto. Por tanto, Jesús hoy nos dice claramente que tenemos que cumplir exteriormente lo que está mandado, pero que sobre todo, lo tenemos que cumplir de corazón, no de apariencia.
Porque las personas miramos mucho y nos dejamos llevar por las apariencias… Pero Dios mira al corazón.
Y es que Jesús, desde el principio de su predicación, expone con claridad su doctrina y deja libertad de elección. Pone ante nuestros ojos dos caminos: el fuego o el agua, la vida o la muerte, el bien o el mal. Y nosotros somos libres de escoger uno de los dos.

¿Qué camino preferimos? Pidamosle a la Virgen María que sepamos elegir el buen camino. Y el buen camino no es otro que el de Jesucristo, que es el Camino, la Verdad, y la Vida.

Mn. Ramón Clavería Adiego;
Director espiritual de Canal Romero.