REFLEXIONES DE LA PALABRA (CCLXX). Domingo VIII del Tiempo Ordinario


La verdad es que, aunque algunos digan que la crisis económica ha pasado, todavía sentimos su peso y sus consecuencias; y eso, pues provoca que aunque Jesús nos diga que no nos preocupemos por la comida, por el vestido, por la subsistencia, pues muchos anden, ante la necesidad, angustiados por este tema. Y eso es lo triste, que vivimos en una sociedad y en un clima que nos condiciona a estar preocupados por cosas que, en un principio, no deberían preocuparnos. Porque si nos fijamos bien en el evangelio, Jesús no nos dice que no nos ocupemos de ella. Nos dice que no nos pre-ocupemos, no que nos ocupemos, es decir, que no sean nuestra preocupación más grave.

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Por eso que la pregunta que debemos hacernos hoy es la de en dónde o en quien ponemos nuestra confianza, qué es lo que manda en nosotros, en nuestras decisiones, en nuestro modo de vivir. ¿Ponemos en Dios nuestra confianza?¿Nos preocupamos de lo que verdaderamente importa, que son las personas, o nos preocupamos de tener, tener, tener…? Porque esto último es una tentación muy frecuente en nuestra vida, sobre todo cuando uno se ha visto en alguna ocasión apurado... Mirad, si de verdad buscamos a Dios en nuestra vida, trabajaremos y nos ocuparemos de las cosas de este mundo. Y lo haremos en todos los sentidos, buscando lo mejor para el día de mañana, pero sin agobiarnos por ellas, porque, a fin de cuentas, el futuro… no nos pertenece.

Vamos a pedirle, pues, a la Virgen, que sepamos buscar el reino de Dios y su justicia, que es lo primero y lo principal, sin caer en la tentación de ponernos en manos del dinero, porque, si de verdad buscamos a Dios en nuestra vida, tarde o temprano lo encontraremos, y lo demás, se nos dará por añadidura. 

Mn. Ramón Clavería Adiego;
Director espiritual de Canal Romero.

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