domingo, 19 de marzo de 2017

REFLEXIONES DE LA PALABRA (CCLXXIII). Domingo III de Cuaresma


Si nos fijamos bien, veremos que a lo largo del Evangelio Jesús siempre se acerca al que más lo necesita, sin evitar nunca a nadie, porque Él ha venido para dar su vida por todos.  Hoy vemos como se acerca a una mujer de vida dudosa, otras veces será a un leproso, a un publicano… a cualquiera, Jesús se acerca a cualquiera que le necesite, porque Jesús es para todos y ha dado la vida por los pecadores, como nos dice san Pablo en la segunda lectura.
Resultado de imagen de samaritanaY Jesús se acerca a todos porque sabe que todos tenemos sed, sed de paz, de seguridad, de fraternidad, de esperanza…Pero sobre todo, sabe que tenemos sed de Verdad, es decir, sed de Dios; aunque no nos demos cuenta de ella y nos parezca que no la tenemos, pero es una sed que antes o después aflorará; porque cuando no se ha regado la vida para dar respuesta a las preguntas fundamentales de la existencia, surgen la sequía y la sed de respuestas que nos ayuden a afrontar la vida de cara.
Por eso, en medio de nuestra sociedad y nuestra cultura, vacía e insatisfecha en muchas cosas y sedienta de sentido y de profundidad, Cristo se nos ofrece como el Agua Viva que sacia la sed, pero también se nos ofrece como el Agua viva en nuestra vida haciendo que esa vida no esté mustia y seca, sino que esté siempre lozana y frondosa.
Y para eso es la vida de Jesús. Él es como una fuente en mitad del desierto, un regalo de Dios; y su mayor deseo es saciar nuestra sed. Jesús mira al mundo como a una multitud sedienta, como a una cosecha todavía inmadura, y sabe que Dios Padre le ha puesto en el mundo para hacerla madurar,  para que todos le conozcan y nos sintamos hijos queridos de Dios, acompañados y cuidados por Él. Su misión es revelar que la misericordia de Dios está dada para todos.

Vamos a pedirle a la Virgen María que nos ayude a vivir más unidos a Jesús, Agua Viva, y que, a través de nuestra oración y cercanía, sepamos llevar a los demás al que sólo puede colmar la sed que el hombre tiene hoy de Dios: su Hijo Jesucristo.

Mn. Ramón Clavería Adiego;
Director espiritual de Canal Romero.