viernes, 14 de abril de 2017

REFLEXIONES DE LA PALABRA (CCLXXVIII). Viernes Santo


Resultado de imagen de cristo sindonicoLa liturgia romana se caracteriza por su austeridad, y esta celebración del Viernes Santo es un claro ejemplo de ello; pues los gestos que realizamos, y que hacen tan diferente esta celebración de cualquier otra que realizamos a lo largo del año, están cargados de fuerza. Por eso hoy es un día en el que tenemos que dejar que los gestos hablen por sí mismos: el silencio con que empezamos la celebración, la postración del celebrante al comienzo de la celebración, que nos marca lo que nos vamos a celebrar; la lectura del cuarto cántico del Siervo del Señor, en la que la comunidad cristiana de los orígenes vio tan bien reflejada la historia y la vivencia de Jesús ante su pasión; la obediencia en el sufrimiento con que Jesús afrontó su cruz, como expresa la carta a los Hebreos; la decisión con que nos presenta el evangelista san Juan en el relato de la Pasión a Jesús avanzándose a la cruz para ser elevado en ella –¡cómo no estremecernos con la presentación de Cristo en este evangelio: arrestado, interrogado, juzgado, renegado por sus amigos, flagelado, condenado, muerto y crucificado…!-; el gesto de arrodillarse que se nos invita a realizar y de besar la cruz...

Y es que el Viernes Santo no estamos celebrando la muerte de un fracasado, sino que estamos celebrando la muerte de un Rey que triunfa, de un Rey que ha dado la vida por salvar a su pueblo. Por eso que hoy adoramos sobrecogidos y admirados el madero santo de la cruz. Que ese nuestro beso sea un beso de arrepentimiento por nuestros muchos pecados, un beso de dolor de amor que quiere corresponder a ese amor que Dios nos tiene, y de inmenso agradecimiento a Jesucristo, que se ha entregado por nosotros hasta extremos que nadie podía nunca imaginar.

Mn. Ramón Clavería Adiego;
Director espiritual de Canal Romero.