REFLEXIONES DE LA PALABRA (CCLXXXI). Domingo IV de Pascua

Resultado de imagen de pintura buen pastorEn el evangelio de hoy. Jesús nos dice: «Yo soy la puerta de las ovejas». Jesús es la puerta abierta a un mundo diferente, a un mundo nuevo, a una vida nueva; y seguirle, o sea, ser cristiano, implica caminar por donde Él camina y atravesar las sendas en las que Él ha dejado su vida. No vale entrar por otra puerta más espaciosa ni más cómoda, porque iremos donde no nos llama el pastor; ya que solamente Jesús es el Buen Pastor que nos conduce a verdes praderas.
El problema que veo yo, ¿sabéis cual es? Pues que conocemos la voz del Señor. Sí, la conocemos, porque conocemos el Evangelio. Pero que no la seguimos. Y no la seguimos no porque no sepamos cual es su voz, sino porque queremos seguir otras voces, voces mundanas que nos parecen más atrayentes. Por eso que necesitamos, como el pan que comemos, recuperar a este Jesús pastor y puerta de las ovejas, y dejar de lado los cantos de sirena que nos ofrecen paraísos que no existen.
La suerte que tenemos es que, a pesar de todo, Jesús, el Buen Pastor, seguirá pronunciando nuestro nombre, porque nos conoce por nuestro nombre, y conoce nuestras dificultades y alegrías, nuestros logros y fracasos, lo bueno y lo malo que hacemos… y porque nos conoce, nos ama con pasión y con locura. Con una pasión y locura que le han llegado a costar la vida… Y si seguimos su voz, iremos a puerto seguro, porque sólo entrando por la puerta de su corazón tendremos la salvación asegurada, y podremos invitar a otros a pasar y disfrutar del convite que nos prepara.
Que la Virgen María nos ayude, pues, a sentirnos recostados en las verdes praderas de nuestro Dios, en las fuentes tranquilas del Salvador, seguros con la protección de su cayado.

Mn. Ramón Clavería Adiego;
Director espiritual de Canal Romero.

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