REFLEXIONES DE LA PALABRA (CCXXXII). Domingo VI de Pascua


Poco a poco vamos avanzando en los cincuenta días que dura el tiempo de Pascua, y por eso los textos de la liturgia de este domingo ya nos hacen sentir que estamos muy cerca de la Ascensión y de Pentecostés, cuando recordaremos el momento en el que el Espíritu Santo vino sobre los Apóstoles y María.
Imagen relacionadaPues bien, el Espíritu Santo, Espíritu de amor es el que nos asegura que también el Padre nos amará y Jesús también nos amará y, además, se nos dará a conocer claramente. Y llenos de este amor, estaremos dispuestos y a punto, como nos advierte el apóstol Pedro, «para dar explicación a todo el que os pida una razón de vuestra esperanza», lo cual es un reto para los cristianos de hoy, ya que encontrar las palabras comprensibles y los gestos claros que den razón de nuestra esperanza, de nuestra fe en Dios, no es precisamente algo fácil,  pues hay que hacerlo con buenas maneras, sin prepotencias ni imposiciones y, mucho menos, con violencia, sino “con mansedumbre y respeto”. Muchas veces, lo tenemos que reconocer, hemos fracasado en nuestro estilo de proponer el evangelio por falta de esta serenidad y respeto. Y es que, los malos modos no sirven para el evangelio.

Vamos a pedirle, pues, a la Virgen María que nos dejemos siempre guiar y conducir por el Espíritu Santo. Celebremos ahora la Eucaristía e invoquemos el Espíritu de Dios para que descienda sobre el pan y el vino y los convierta en el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo. Pero invoquémosle también para que descienda sobre nosotros y nos haga evangelizadores amables con todo el mundo.

Mn. Ramón Clavería Adiego;
Director espiritual de Canal Romero.

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