REFLEXIONES DE LA PALABRA (CCLXXXIV). Domingo de Pentecostés


Con la fiesta de Pentecostés que celebramos este domingo llegamos al final de todo el ciclo pascual. Hoy el Señor nos convoca y nos reúne porque, al igual que a los apóstoles y a María el día de Pentecostés, también hoy quiere darnos su Espíritu, ya que, como ellos, también nosotros necesitamos la fuerza del Espíritu Santo para ser testigos del Señor resucitado en medio del mundo.
Imagen relacionadaY es que los discípulos de Jesús que formamos su Iglesia estamos llamados a continuar lo que Jesús comenzó. San Pablo nos recuerda hoy que a todos los cristianos se nos ha confiado una misión dentro de la comunidad cristiana, porque hoy también, en cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común. Hoy se nos tiene que meter dentro de la cabeza, una vez más, que el Espíritu Santo nos llama a todos a colaborar en la Iglesia; porque ninguno somos tan pobre que no tengamos nada que aportar ni somos tan rico que no tengamos nada que aprender.  Y para eso el Espíritu nos da su fuerza, su luz, su consejo, su sabiduría, para que a través nuestro también otros puedan seguir escuchando hablar de las maravillas de Dios y asomarse a su proyecto de amor, pues, aunque no lo parezca, el corazón humano tiene la necesidad de escuchar una buena noticia. Nuestra apertura a la acción del Espíritu Santo hará de nosotros verdaderos testigos del Evangelio, como sucedió allá en Jerusalén el día de Pentecostés.

Que Santa María nos ayude, pues, a ser testigos del Señor resucitado en nuestra vida de cada día, para que así seamos semilla del Reino de Dios en medio del mundo.

Mn. Ramón Clavería Adiego;
Director espiritual de Canal Romero.

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