domingo, 18 de junio de 2017

REFLEXIONES DE LA PALABRA (CCLXXXVI). Solemnidad del Cuerpo y Sangre de Cristo


Este domingo celebramos la Solemnidad del “Corpus Christi”. Hoy nuestra mirada se dirige hacia ese don de amor y de vida que Jesús nos dejó antes de morir, como presencia permanente suya bajo las especies de pan y de vino; pues en el Pan y en el Vino de la Eucaristía el mismo Jesús se nos da como alimento, para que vivamos siempre unidos a Él y aprendamos a amar como Él nos ha amado.
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Y de esa forma tan curiosa de amar de Dios es de lo que nos hablan las lecturas de hoy, en las que vemos como Dios nunca abandona a su pueblo, sino que siempre cuida de él.  Ya lo hizo con Israel: lo sacó de la esclavitud, sacó para él agua de la roca y le alimentó en el desierto con el maná.
Bueno, pues nosotros tenemos otro maná. Un maná que es nuestro alimento, nuestra agua y nuestro vino, que es la Eucaristía, en la que Cristo se da a sí mismo, pues en el Pan, que es su Carne, y en el Vino, que es su Sangre, el mismo Jesús se da a si mismo como aquel que en la cruz entrega su propia vida. Y de este modo, el Pan que comemos y el Cáliz del que bebemos en la Eucaristía nos une a todos en un solo cuerpo, porque todos formamos un mismo cuerpo, ya que todos nos alimentamos del mismo Pan de Vida, que es Jesucristo.
Por eso que participar en la Eucaristía es entrar en comunión con Dios, pero también en comunión con los hermanos. Por eso que hoy Cáritas nos llama a dirigir nuestra mirada al hermano más pobre y necesitado, que es presencia de Cristo en el mundo, y a no hacernos insensibles ante las necesidades de los demás. Por tanto, hoy la colecta de la Misa será para Cáritas, dándonos una oportunidad de que nuestro amor a Cristo sea una realidad en el amor generoso a los hermanos.
Y si este día del Corpus tiene algo propio y peculiar es la procesión, que es una manifestación de fe en honor del Santísimo Sacramento, que se traduce externamente en monumentos, alfombras de flores, cantos, incienso y adoración del pueblo creyente al Señor, Rey de la gloria, Dios de amor. Esta procesión deberá ser para nosotros un encuentro de Dios con nosotros y, por parte nuestra, una acción de gracias, ya que es Dios que recorre las calles de nuestros pueblos y ciudades, bendiciendo a su paso a todos los hombres y mujeres, niños y mayores, que buscan la paz.

Que Santa María, la Virgen, el primer y mejor Sagrario y Custodia del Cuerpo de Cristo, nos ayude para que veamos y vivamos la Eucaristía como una fuente de paz, de fuerza, de vida, de entrega y de amor fraterno.

Mn. Ramón Clavería Adiego;
Director espiritual de Canal Romero.