REFLEXIONES DE LA PALABRA (CCLXXXIX). Domingo XVI del Tiempo Ordinario


Hoy también comienzo provocando a que cada uno se haga a sí mismo una pregunta: ¿soy trigo limpio o soy cizaña?... Si somos sinceros a la hora de respondernos, igual descubrimos que no somos trigo limpio, y que en nosotros se pueden dar juntos el trigo y la cizaña. Y esa realidad, pues vemos que se da también alrededor nuestro, puesto que en el mundo, en la sociedad, en el ambiente, conviven el bien y el mal.
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No vamos a negar que querríamos arrancar el mal de raíz, ¿verdad? Pero muchas veces puede ser peor el remedio que la enfermedad. Por eso Dios siempre tiene paciencia y espera… espera… Porque mientras hay vida, hay esperanza. Por eso que siempre nos está dando nuevas oportunidades para quitar de nuestra vida lo que es malo, de alejarnos de todo lo que nos aparta de Él. Y esas oportunidades nos las da a todos. Porque si a nosotros Dios nos da la oportunidad de poder corregirnos en la vida, también se la puede dar a los demás.
Pero ojo, que esta oportunidad para nosotros no consiste en ser mejores en general; sino que consiste en ser mejores cristianos; es decir, que lo que pensamos, decimos y hacemos en cada momento de nuestra vida tiene que estar acorde con el Evangelio de Jesucristo. Por eso que no debemos pensar que es igual ser trigo o cizaña, no… El Evangelio ya nos dice que el destino de la cizaña es el fuego. Por eso que Dios constantemente nos está llamando al arrepentimiento y a la conversión, para que seamos trigo limpio; y también para que ayudemos a los demás a serlo.  Eso sí, decidir quien es trigo y quien es cizaña es algo que es preciso dejar en las manos de Dios. Si lo hacemos nosotros, seguro que nos equivocamos. Ya se encargará Dios de hacer lo que tiene que hacer.
Vamos a pedirle, pues, a la Virgen que no seamos impacientes; que sepamos respetar la libertad de nuestros hermanos, los hombres, y que seamos capaces de dar siempre a todos la oportunidad de cambiar de vida y de dejar sitio en su corazón para Dios.

Mn. Ramón Clavería Adiego;
Director espiritual de Canal Romero.


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