viernes, 7 de julio de 2017

REFLEXIONES DE LA PALABRA (CCLXXXVII). Domingo XIV del Tiempo Ordinario

Las lecturas de hoy nos muestran, una vez más, como Jesús es siempre sorprendente, entendiendo las cosas al revés de lo que nosotros pensamos. Pero lo gordo es que las lecturas también nos plantean el desafío de pensar como Jesús, y eso sólo lo podremos hacer si somos sencillos. Y es que, cuanto más sencillamente nos acerquemos a Dios, más le entenderemos.

Por eso que, frente a los que esperaban un Mesías guerrero, que derrotaría a todos los enemigos de Israel, el profeta Zacarías lo ve no como un rey poderoso y arrogante que lucha con las armas, sino como un Mesías justo y humilde, que ofrece el reinado de la verdad, la justicia, el amor y la paz; algo que se cumple totalmente en Jesucristo, quien elige a los marginados, a los pobres y sencillos como amigos suyos, y les da a conocer el misterio de su misión salvadora.


Por eso nosotros, si de verdad queremos conocer a Dios, deberíamos aplicarnos los criterios que da san Pablo en la segunda lectura, y vivir no desde la violencia y la arrogancia, sino desde la mansedumbre y la humildad.

Y dejadme que diga una cosa más. Creo que no me equivoco si digo que muchas veces estamos hechos polvo y con el ánimo por los suelos, sin saber que hacer… como si nada tuviera sentido…, ¿verdad? Pues bien; en esos momento tenemos que dejar que dentro de nuestro corazón resuene la palabra de Jesús: “Venid a mi todos los que estáis cansados y agobiados”; porque, mirad, el mundo, la sociedad… nos darán mil opciones y diversas respuestas para todo, pero ninguna solución. La única respuesta clara es Jesucristo. Yo os invito a que cuando estéis hechos polvo, miréis a un crucifijo, a una imagen del Sagrado Corazón…, y más aún, a que entréis en la iglesia y os desahoguéis ante el sagrario…; puesto que si cargamos sobre nosotros el yugo de Jesús, que es manso y humilde de corazón, encontraremos alivio y descanso para nuestras almas.


Mn. Ramón Clavería Adiego;
Director espiritual de Canal Romero.