jueves, 10 de agosto de 2017

REFLEXIONES DE LA PALABRA (CCXCIII). Domingo XIX del Tiempo Ordinario.


En el evangelio de hoy Jesús, al hacer subir a sus discípulos a la barca y hacerles ir solos a la otra orilla del lago, quiere hacerles comprender que no necesitan siempre de su presencia física para poder contar con su ayuda y protección. Las dificultades de la travesía así lo ponen de manifiesto.
Pues bien, los apóstoles en la barca nos muestran, en cierto modo, lo que le pasa a la Iglesia mientras peregrina por este mundo. Y es que mientras navega por el mar de la historia, la Iglesia se suele encontrar con situaciones y circunstancias muy hostiles, situaciones en las que da la situación en la que todo lo que hagamos no vale para nada y que en las que misma Iglesia se va a ir a pique. ¿A qué en estos momentos en los que vivimos puede dar esa sensación?
Resultado de imagen de jesus pedro aguaPero Jesús, aunque esté callado y en silencio, como en el episodio del evangelio no esté físicamente presente, no está ausente… Y no puede estarlo, porque la barca de los apóstoles es su barca, la Iglesia es su Iglesia. Aunque Jesús parezca lejano o ausente, no nos va a dejar nunca solos ante el peligro. Y si nos cogemos de su mano, tendremos su apoyo seguro y podremos superar toda clase de obstáculos y de dificultades. Jesús sólo nos pide que acudamos a Él.
Por eso que en momentos como los que nos toca vivir, tenemos que darnos cuenta que no estamos haciendo “nuestra” Iglesia, sino la Iglesia de Jesucristo…, que no somos nosotros los protagonistas, sino que el protagonista es el Espíritu Santo…, que Jesús no se ha ausentado, aunque pueda estar probando nuestra fe, como hizo con la fe de los apóstoles.

Vamos a pedirle, pues, a la Virgen María, que pongamos más empeño en la oración ante el sagrario y en la vida sacramental que en nuestros planes pastorales y reflexiones personales. Que nos fiemos de Jesucristo. Porque, aunque nosotros a lo mejor no lo veamos, esta situación tan difícil en la que vive hoy la Iglesia, la remontaremos, como hemos hecho en tantas ocasiones. Tengamos, pues, confianza. Pero no en nosotros ni en nuestras fuerzas; sino en Dios.

Mn. Ramón Clavería Adiego;
Director espiritual de Canal Romero.