REFLEXIONES DE LA PALABRA (CCCI). Domingo XXVI del Tiempo Ordinario


El evangelio de  hoy nos muestra uno de esos momentos en los que Jesús se arriesga y suelta una de esas frases que pican… Y que pican sobre todo a los que van por la vida de buenos, pero que a la hora de la verdad, pueden ser de lo peor de lo peorcico, porque, de tan buenos que se creen, no se dan cuenta que también son pecadores, como somos todos.
Resultado de imagen de parabola hijos viñaPero el problema es que, tanto en tiempos de Jesús como en los nuestros, uno de las realidades, tristes, pero realidad con la que nos encontramos es que tenemos una grandísima dificultad para reconocer que somos pecadores –como ni mato ni robo ni hago mal a nadie… pues no tengo pecados; decimos, queriendo justificarnos y engañándonos a nosotros mismos-. El problema es que muchas personas, tal vez algunos de nosotros, han perdido la conciencia de pecado, una conciencia que va ligada a la fe en Dios. Y es que, como nos recordaba Benedicto XVI: «La pérdida de la conciencia de pecado es una consecuencia de la pérdida del sentido de Dios. Donde se excluye a Dios, se pierde el sentido de la ofensa a Dios».
Por eso que Jesús pega un buen rapapolvo a los que van de buenos por la vida, recordando que es mejor persona –y mejor cristiano, eh, y mejor cristiano- el que reconoce que es pecador y está dispuesto a poner de su parte para cambiar; que el que se considera tan bueno que no necesita convertirse. Entre otras cosas, porque el que se reconoce pecador, siempre está abierto a escuchar a Dios que le llama a convertirse; pero el que piensa que es bueno, es tan bueno, tan bueno, tan bueno, que luego resulta que no necesita para nada a Dios. Y como no lo necesita en su vida, pues tampoco tiene necesidad de escucharle.

Vamos a pedirle pues, a la Virgen María, hoy que comenzamos ese mes tan suyo que es el mes de octubre, mes del Rosario, que tengamos la humildad de reconocernos pecadores; para que así, admitiendo que necesitamos a Dios en nuestra vida, seamos capaces de tener entre nosotros los mismos sentimientos de Cristo Jesús. Unos sentimientos de amor y de misericordia.

Mn. Ramón Clavería Adiego;
Director espiritual de Canal Romero.

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