REFLEXIONES DE LA PALABRA (CCXCIX). Domingo XXIV del Tiempo Ordinario


Las lecturas de hoy denuncian actitudes que son incompatibles con la vida cristiana, como son el rencor, la falta de compasión y de paciencia con el prójimo, y nos ofrecen una enseñanza sobre el perdón, sobre la infinita misericordia de Dios. El mensaje de este domingo, especialmente en el evangelio, es muy bonito, pero muy difícil de entender y, sobre todo, muy difícil de aplicar. Jesús proclama un principio general, el de perdonar siempre, y lo explica con una parábola muy clara y convincente.
Resultado de imagen de perdonar setenta veces sieteY es que el perdón del que nos habla Jesús ha de ser un perdón educativo, que nos haga pensar, que nos conmueva y nos ayude a corregirnos. Por eso, perdonar según el espíritu evangélico supone que debemos perdonar rápido, sin dejar que el rencor nos corroa por dentro, sin deseos de venganza, sin llevar un registro de las ofensas que hemos recibido, sin buscar la humillación del otro sino la caridad de la corrección… Y ese perdón, Jesús nos dice que tenemos que aplicarlo setenta veces siete, es decir, que tenemos que perdonar siempre a quien nos hace una. Y eso tenemos que hacerlo porque Dios es siempre compasivo y misericordioso con nosotros, y no limita su perdón a unas cuantas veces, sino que siempre nos está tendiendo su mano misericordiosa.
Por eso que nunca, pero nunca podemos poner límites al perdón, ya que un cristiano que no sea capaz de perdonar no es un auténtico cristiano. Yo a veces me pregunto como personas que no se hablan con sus hermanos o con familiares cercanos, o que viven llenas de rencor por dentro, son capaces de dormir tranquilas. Es más, me pregunto si esas personas son capaces de ser felices y no vivir corroídas en su interior.

Vamos a pedirle a la Virgen María que, ya que, como nos dice san Pablo, en la vida y en la muerte somos del Señor, seamos capaces de ser, como Él, compasivos y misericordiosos, de perdonar a los demás de la misma manera que Dios nos perdona a nosotros.

Mn. Ramón Clavería Adiego;
Director espiritual de Canal Romero.

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