REFLEXIONES DE LA PALABRA (CCXCVIII). Domingo XXIII del Tiempo Ordinario


Decía un sacerdote llamado Manuel Domingo y Sol, que nuestra vocación es que no estamos llamados a salvarnos solos. Y tenía razón; puesto que cada uno de nosotros somos responsables no solo de nuestra salvación, sino también de la de los demás.
De ahí esa importancia que vemos que Jesús da en el Evangelio a la corrección fraterna, es decir, a llamar la atención cariñosamente cuando vemos que otra persona está haciendo las cosas mal. Esa es también la misión que vemos en la primera lectura que recibió el profeta Ezequiel, la misión de denunciar y de reprender a las personas o a todo el pueblo sobre las consecuencias de una conducta improcedente. Y esa misión, pues también la Iglesia la ha venido haciendo desde hace dos mil años, a pesar de que se la critique y muchos quieran hacerla callar o cerrarla en las sacristías.
Resultado de imagen de corrección fraterna¿Y por qué se hace eso de corregir? Pues se hace por amor. San Pablo nos dice en la segunda lectura que a nadie debamos más que el amor, y que todos los mandamientos se resumen en amar al prójimo como a uno mismo.
Y es que, como dice el refrán, “quien bien te quiere, te hará llorar”. Y yo añado: “aunque le haga llorar a él” ¿O es que a los padres os hace gracia estar riñendo y llamando la atención a vuestros hijos? ¿Os hace gracia? Bueno, pues a los pastores y a los responsables de la Iglesia, tampoco nos hace gracia el tener que llamar la atención. Pero si hay que llamarla… pues se llama. Porque el amor a los demás no se demuestra solo diciéndole palabras amables y de alabanza; ¡eso nos gusta a todos!; sino que también se demuestra, cuando hace falta, con una palabra de ánimo o de corrección.

Vamos a pedirle, pues, a la Virgen, que tengamos la humildad suficiente de recibir los consejos o correcciones oportunos de los demás; pero también la luz suficiente para saber distinguir cuándo tenemos razón o no, y la caridad que necesitamos para saber corregir a los demás.

Mn. Ramón Clavería Adiego;
Director espiritual de Canal Romero.

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