REFLEXIONES DE LA PALABRA (CCCII). Domingo XXVII del Tiempo Ordinario


En tiempos de Jesús, la viña era uno de los cultivos más extendidos en su país, y por eso vemos que tanto a Él como a los profetas, le sirve para sacar ejemplos y enseñanzas. De hecho, en la Biblia se utiliza el ejemplo de la viña es el símbolo del pueblo de Israel. La respuesta del Salmo responsorial de hoy nos lo dice bien claro: «La viña del Señor es la casa de Israel». Así lo vemos tanto en la primera lectura del canto a la viña, como en la parábola evangélica de los labradores homicidas. 

Imagen relacionadaSin embargo, la enseñanza de hoy es una enseñanza dura e incluso dolorosa, porque nos habla del amor de Dios a su pueblo. Pero también nos habla de la respuesta desagradecida que el pueblo le ha mostrado. Y es que en la historia de la viña encontramos fidelidad e infidelidad. La primera lectura, por ejemplo, es un texto precioso, pero a la par, transmite un gran dolor y decepción; ya que es Dios que habla de la relación con su pueblo y de cómo su pueblo se ha portado con Él. Y es lo que luego hace también Jesús en el evangelio, en la parábola conocida como la “parábola de los labradores homicidas”.
Ahora bien. Estas lecturas de hoy nos piden a nosotros estar atentos, porque son palabras que también se nos pueden aplicar a nosotros. Porque… a ver, ¿cómo es la respuesta que damos a Dios? Porque Dios no deja de darnos gracia tras gracia. Ahí tenemos la fe, la Palabra de Dios, los sacramentos… Por eso Dios espera de nosotros que no repitamos la respuesta del antiguo pueblo de Israel y le demos los frutos a su tiempo, unos frutos de amor y de compromiso. Porque si venimos a la iglesia, dejamos que la Palabra de Dios nos entre por un oído y nos salga por el otro, y salimos tal y como entramos… pues por mal camino vamos; y poco fruto daremos.
Vamos a pedirle, pues, a la Virgen María, esta semana que celebraremos esa fiesta tan nuestra que es la Virgen del Pilar, que la Palabra de Dios produzca en cada uno frutos de buenas obras, para que todo  bueno que aprendemos, recibimos, oímos, y vemos, seamos capaces de ponerlo en práctica.

Mn. Ramón Clavería Adiego;
Director espiritual de Canal Romero.




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