REFLEXIONES DE LA PALABRA (CCCIII). Domingo XXVIII del Tiempo Ordinario


Las lecturas de este domingo son una invitación a entrar y participar, con traje de fiesta, en el banquete preparado por Dios. Un banquete donde todo es alegría, un banquete donde no existen ni el llanto, ni el dolor. Pero las lecturas de hoy también nos tienen que poner en guardia para que en nuestra vida de cada día nos vayamos preparando para llegar a este banquete.
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Y es que, si nos damos cuenta, veremos la imagen del banquete es signo de la presencia de Dios, y describe la gran fiesta del banquete del Reino de los cielos; un banquete donde habrá abundancia y alegría desbordante, un banquete al que están invitados todos los pueblos, donde nadie estará oprimido ni se sentirá triste, y donde todo será gozo y paz.
Pues bien; Dios nos invita a participar gratis en ese banquete festivo que nos tiene preparado; y la tarjeta de invitación que nos ha dado ha sido nada más ni nada menos que su Hijo Jesucristo, muerto y resucitado por nuestra salvación, que sale al encuentro de cada uno de nosotros para invitarnos personalmente a participar de ese festín.
Ahora bien…. Nosotros somos libres de aceptar o no aceptar esa invitación. Una invitación a aceptar el estilo de vida de Jesús, a aprender a vivir en hartura y hambre, abundancia y privación, salud y enfermedad, con vida larga o corta….
Y para acercarnos al banquete que Dios nos ha preparado hemos de ir bien dispuestos, es decir, vestidos con traje de fiesta. Y ese traje de fiesta es la gracia. La gracia que recibimos en el bautismo y que tenemos que conservar limpia para poder entrar en el Reino de los cielos. Es cierto que somos pecadores, y que muchas veces nos cuesta mantener limpio ese vestido de gracia, y lo manchamos y destrozamos. Pero Dios siempre está dispuesto a recomponerlo con su misericordia, una misericordia a la que debemos tener la humildad de saber acercarnos sin orgullo ni prepotencia.

Vamos a pedirle, pues, a la Virgen María, que nos ayude a poner nuestra vida delante del Señor, pidiéndole que cure nuestras dolencias y nos ayude a buscar el Reino de felicidad.

Mn. Ramón Clavería Adiego;
Director espiritual de Canal Romero.

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