REFLEXIONES DE LA PALABRA (CCCIV). Domingo XXIX del Tiempo Ordinario


La escena del evangelio de hoy es una más dentro de movimiento de acoso y derribo que los dirigentes del pueblo judío tenían contra Jesús. Pero la pregunta que hoy vemos que le dirigen a Jesús, tenía una trampa especial, queriendo meter a Jesús en el tema de la política del momento. Pero si la pregunta tenía doble filo, la respuesta de Jesús es muchísimo, pero que muchísimo más ingeniosa, pues dejó a todos con la boca abierta.
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Sin embargo, conviene dejar claro que con esta respuesta de “al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”, Jesús no se quiere meter para nada en política. De hecho, esta expresión la quieren utilizar muchas veces para hace callar a la Iglesia cuando denuncia injusticias sociales. Pero lo que Jesús quiere decir es que tenemos que poner a Dios siempre en primer lugar en nuestra vida, como nos dice el primer mandamiento: amar a Dios sobre todas las cosas. Es decir, que los cristianos, como vivimos en el mundo y dentro de una sociedad, con sus valores y contradicciones, tenemos que ser unos ciudadanos ejemplares y cumplir con nuestros deberes cívicos y reclamar los derechos de que disponemos; pero no hemos de dejar nunca de lado el hecho de que somos cristianos y que tenemos que actuar en consecuencia. Por eso, no hemos de pretender querer quedar bien siempre ante los hombres poniendo así en contradicción nuestra fe cristiana; porque a quien hemos de agradar es a Dios, que es nuestro Creador y, a fin de cuentas, el único que puede salvarnos.
Y es que la palabra de Dios que escuchamos hoy nos invita a hacer una reflexión seria sobre nuestra forma de conducta dentro de la sociedad en la que vivimos, pues estamos llamados a poner a Dios sobre las demás realidades, incluso ante cualquier interés particular o social por muy bueno que nos parezca. Y es en medio de esta sociedad en la que estamos llamados a dar testimonio, con nuestra vida, de la fe que profesamos, de la esperanza que aguardamos, y del amor que nos une a Dios y a los hermanos. Algo que nos viene muy bien recordar hoy, que celebramos el DOMUND, el día de las misiones, recordando que todos somos misioneros, y que estamos llamados a anunciar el mensaje de Jesucristo y hacer que el Evangelio llegue a todos los rincones de la tierra.

Vamos a encomendar, pues,  a la Virgen María, la labor que llevan a cabo los misioneros, y vamos también a aportarles nuestra ayuda reviviendo así en nosotros esa vocación misionera que todos los cristianos debemos tener.

Mn. Ramón Clavería Adiego;
Director espiritual de Canal Romero.

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