REFLEXIONES DE LA PALABRA (CCCV). Domingo XXX del Tiempo Ordinario


La palabra de Dios de hoy nos invita a reflexionar hoy sobre el amor perfecto. Un amor que no se queda en palabras y deseos, sino que es un amor que, con la ayuda de Dios, se transforma en obras.
Y es que Jesús sintetiza todas las leyes en amar a Dios y amar al prójimo como a sí mismo. Son dos caras de una misma moneda; pues amar a Dios se concreta en amar al prójimo, porque quien se sabe amado de Dios necesariamente ha de manifestarlo a los demás. ¿Y cómo ha de hacerlo? Pues con las obras. Obras como las que vemos que aparecen en la primera lectura, que nos pone ante la realidad de los inmigrantes, de las viudas, de los forasteros, de los pobres y de los débiles.
Esta es una buena lección para nosotros, los cristianos, sobre todo para los que vamos a misa cada domingo. Y lo es porque cada celebración de la Eucaristía une los dos mandamientos de Cristo, pues cada Misa es una proclamación de que amamos a Dios con todo nuestro corazón, un amor que demostramos escuchando su palabra y acogiendo el don eucarístico. Pero también debemos comprometernos en cada Misa a amar al prójimo, pues al fin y al cabo en el Padrenuestro pedimos a Dios que nos perdone de la misma manera que nosotros perdonamos..., nos damos la paz..., pedimos por todos... Si somos capaces de vivir así la Misa, descubriremos la importancia de reunirnos cada domingo en torno al Señor para renovarnos tanto a nivel personal como a nivel comunitario.

Vamos a pedirle pues a Santa María, la Virgen, la Madre del Amor hermoso, que todo lo que escuchamos y celebramos en la Eucaristía cada domingo seamos capaces de trasladarlo a nuestro mundo de hoy.

Mn. Ramón Clavería Adiego;
Director espiritual de Canal Romero.

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