REFLEXIONES DE LA PALABRA (CCCVII). Domingo XXXI del Tiempo Ordinario


En el pasaje del Evangelio que proclamamos hoy vemos como Jesús llama la atención a los fariseos y a los escribas, que eran los encargados de desempeñar en la comunidad el papel de maestros de la Ley; y los amonesta denunciando ante el pueblo su actitud hipócrita, porque su conducta estaba muchas veces en la punta contraria de lo que se empeñaban en imponer con rigor a los demás,  convirtiendo así las enseñanzas de Moisés y de los profetas en una carga insoportable para la gente sencilla.
Y es que nada escandaliza tanto como la hipocresía de gente que va de “religiosa” por la vida. También los profetas condenaron la doblez y la mala vida de muchos sacerdotes judíos, que convertían la ley en motivo de pecado para muchos. De hecho, vemos en las lecturas de hoy que tanto Malaquías en el Antiguo Testamento como el mismo Jesús hacen a aquellos dirigentes o personas “importantes” de la comunidad que se aprovechan de su cargo o estatus para “barrer para casa”, es decir, en beneficio propio y no de los demás.
¿Qué muchas veces los primeros en dar mal ejemplo hemos podido ser los curas y los dirigentes de la comunidad cristiana, aquellos que deberíamos ser ejemplo para los demás? Pues humildemente hemos de reconocer que sí; que muchas veces no damos buen testimonio como cristianos. Y es que, al fin y al cabo, somos pecadores que muchas veces hemos podido hacer cosas totalmente detestables; que han escandalizado y que escandalizan aún hoy a mucha gente, y por las que una y mil veces tenemos que pedir perdón a Dios y a toda la humanidad. Pero que los curas hagamos las cosas mal, no quiere decir que, por ello, tengamos que dejar de cumplir lo que nos enseña la Palabra de Dios. Y es que, a fin de cuentas, Jesús nos dice que hagamos lo que se nos dice, aunque veamos que quien nos lo dice no lleve una vida acorde con lo que enseña.

Vamos a pedirle, pues, a la Virgen María que interceda por todos los dirigentes de la comunidad cristiana y por todos aquellos que se dedican a enseñar en ella, como somos los sacerdotes, los catequistas, los teólogos... Para que todos seamos capaces de poner en práctica en nuestra vida aquello que enseñamos con la palabra.

Mn. Ramón Clavería Adiego;
Director espiritual de Canal Romero.

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