REFLEXIONES DE LA PALABRA (CCCXII). Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la bienaventurada Virgen María


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Hoy celebramos una de las fiestas más importantes de la Virgen, que es la del misterio de su Inmaculada Concepción. Un misterio, que, como decía el Papa Benedicto XVI, “nos recuerda dos verdades fundamentales de nuestra fe: ante todo el pecado original y, después, la victoria de la gracia de Cristo sobre él, victoria que resplandece de un modo sublime en María santísima”.
Hoy, pues, veneramos a María como la llena de gracia; como la mujer en la que Dios pensó y a la que preparó para venir a este mundo guardándola limpia de todo pecado desde el primer momento de su existencia. Y es que en la Inmaculada Concepción de la Virgen María estamos invitados a reconocer la aurora del nuevo mundo, un mundo transformado por la obra salvadora del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
Así pues, la liturgia de esta fiesta, nos presenta en la Inmaculada Virgen María un modelo y un reto a alcanzar, pues todos, todos sin excepción, hemos de ser santos e irreprochables ante Dios por el amor. Por eso, celebrar el misterio de la Inmaculada Concepción de María, nos tiene que llevar a la acción de gracias a Dios por sus maravillas, y también al compromiso sincero de imitar a la Virgen y seguir sus huellas de santidad. Así también viviremos mejor el espíritu del Adviento.

Hoy es, pues, un buen día para pedir a la Inmaculada Virgen María que nos alcance la gracia de darnos cuenta de cuales son las cosas que realmente valen la pena, y cuales las que son pura fachada y apariencia...; para pedirle que nos haga ver que nuestro verdadero enemigo es el diablo, que siempre nos anda rondando para hacernos caer en el pecado...; para pedirle, en definitiva, que nos ayude a poner nuestro corazón en vivir como verdaderos hijos e hijas de Dios.

Mn. Ramón Clavería Adiego;
Director espiritual de Canal Romero.

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