viernes, 15 de diciembre de 2017

REFLEXIONES DE LA PALABRA (CCCXVII). Fiesta de la Sagrada Familia


En este primer domingo después de Navidad, tiempo litúrgico que nos recuerda que nuestro Dios apareció en el mundo y vivió en medio de los hombres, hecho uno de nosotros menos en el pecado, la Iglesia nos invita a contemplar a la Sagrada Familia de Nazaret, pues el misterio de la Navidad tuvo lugar en el seno de una familia humilde y creyente, siendo San José y la Virgen María medios esenciales para que el Hijo de Dios se encarnara y llevara a feliz término su plan de salvación.
Precisamente San José y la Virgen son protagonistas del evangelio de hoy, en el que vemos que, en el momento de llevar a Jesús al Templo de Jerusalén para presentárselo al Señor según lo marcado por la ley judía, cumpliendo así con su deber de buenos padres israelitas, se encuentran con dos personas mayores, Simeón y Ana. Dos personas mayores que vivían intensamente la espera del Mesías y que descubren en el niño Jesús al Enviado de Dios, “luz para alumbrar a las naciones”.
Resultado de imagen de sagrada familia rupnikPues bien, este texto evangélico nos muestra en San José y en la Virgen un ejemplo a seguir en nuestros días. Si ellos, al llevar a Jesús al Templo, hicieron posible que los ancianos Simeón y Ana, después de una vida larga y probablemente dura, se encontrasen antes de morir con el Mesías esperado, y recibieran la esperanza y el consuelo que vienen de Dios,  nosotros tenemos hoy la oportunidad de llevar, como San José y la Virgen, esa misma esperanza y consuelo por donde quiera que pasamos para que se conozca al Mesías. Y es que todos y cada uno de nosotros somos enviados ahora a nuestras casas, a nuestros amigos, vecinos, compañeros de trabajo... somos enviados por Dios a todos los ambientes de la vida para que en la convivencia pongamos paz, amor, comprensión, perdón, servicio... Seguro que si lo hacemos nuestra sociedad podría convertirse en una auténtica familia humana que alaba a Dios y es capaz de imitar los ejemplos de la familia de la que Dios mismo formó parte.

Vamos a encomendar, pues, esta tarea a San José y a la Virgen. Y pongamos también en sus manos a todas las familias del mundo, para que vivan en la voluntad y en el amor de Dios y no se desalienten ante las pruebas y dificultades, y Dios las guarde en su gracia y en su paz.

Mn. Ramón Clavería Adiego;
Director espiritual de Canal Romero.

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