REFLEXIONES DE LA PALABRA (CCCXXI). Domingo II del Tiempo Ordinario


Concluido el tiempo litúrgico de Navidad comenzamos la primera serie de domingos del Tiempo Ordinario, que dura hasta Cuaresma, en los que, paso a paso, iremos siguiendo la predicación de Cristo en la proclamación del evangelio.
El tema principal de las lecturas de este domingo es la vocación. En la primera lectura escuchamos la disponibilidad del pequeño Samuel y, en el evangelio, la de aquellos dos discípulos que, tras la indicación de Juan, el Bautista, siguieron a Jesús y se fueron con Él. Es importante que nos fijemos en esto: Siguieron a Jesús y se fueron con Él. Y es que seguir a Jesús implica “estar con Él”, convivir, compartir su estilo de vida y su misión; pues ante el mensaje del Señor, tenemos que estar con la misma actitud que el pequeño Samuel: “Habla, que tu siervo te escucha”, es decir, que tenemos que estar con una actitud de escucha, de respuesta.
Imagen relacionadaPorque, yo no sé si nos damos cuenta, pero... ¿somos conscientes de que hoy Dios nos sigue llamando? Sí. Dios nos llama a todos y a cada uno de nosotros. Nos llama a seguirle de una manera concreta en la vida. A unos nos ha llamado al ministerio sacerdotal, a otros os ha llamado a la vida matrimonial, a la religiosa, o incluso a vivir siendo solteros. Pero sobre todo, Dios nos llama cada día a ser cristianos coherentes con nuestra fe.
Y hay un detalle del evangelio que no quiero dejar pasar por alto: Y es que los primeros seguidores de Jesús pasan la noticia a otros... Vemos en el pasaje de hoy como Andrés dice a su hermano Pedro que han encontrado al Mesías. Y de este modo, Pedro se encuentra con Jesús...  Pues bien, también nosotros estamos llamados a compartir el amor que hemos recibido con los demás, porque la fe no es para tenerla encerrada, sino que es para comunicarla, para extenderla, para compartirla... Y fijaos si es importante en la vida encontrarse con Jesús, que Juan, uno de los primeros discípulos, se acordaba del momento y lugar exacto en el que el Señor se cruzó en su vida: junto al Jordán, como a las cuatro de la tarde.

Vamos a pedirle a la Virgen María que en cada celebración de la Eucaristía sepamos encontrarnos con Jesucristo, el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, y saquemos siempre de ella  la fortaleza necesaria para poder comunicar a los demás, con nuestras palabras y con nuestras obras, la alegría de la salvación.

Mn. Ramón Clavería Adiego;
Director espiritual de Canal Romero.

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