jueves, 1 de febrero de 2018

REFLEXIONES DE LA PALABRA (CCCXXIV). Domingo V del Tiempo Ordinario


En el evangelio de hoy encontramos un fragmento que podríamos titular: «Un día en la vida de Jesús». Y es que el texto del evangelio que proclamamos hoy en la Eucaristía nos presenta a Jesús en plena acción, dedicado a lo suyo, es decir, a predicar y a curar, a anunciar la Buena Noticia y a sanar a los enfermos y a los poseídos, porque Dios es compasivo y misericordioso, y es consciente del mal y del sufrimiento que hay en el mundo. No en vano, Jesús hace honor al nombre que lleva, pues Jesús significa “Dios nos salva”, y por eso manifiesta su poder contra el mal en todas sus formas, llevando la Buena Noticia a los que sufren.
Pero el evangelio también nos presenta cómo Jesús, en este día lleno de actividad, busca un momento para alejarse de la gente y orar; pues toda su actividad tiene un sustento, una raíz profunda. Y es que Jesús se alimenta en la oración. Jesús no busca el éxito popular, sino que el significado de su acción es hacer la voluntad del Padre, por eso que siempre busca un sitio solitario para encontrarse a solas con Dios Padre.
Resultado de imagen de V ordinario BPues así tiene que ser también nuestra vida de cada día: una vida llena de acción, pero una vida muy arraigada en Dios, que anuncia la Buena Noticia del Evangelio a todos sea cual sea el lugar en el que nos encontremos y la situación en la que nos hallemos. Habrá día que estemos contentos como castañuelas, y días en lo que, como Job, estaremos con el ánimo por los suelos. Pero en todo momento tenemos que tener puesta nuestra confianza y nuestra seguridad en Dios, que nos ha confiado a todos, como hizo con san Pablo, la misión de evangelizar nuestros ambientes; y de hacerlo como un servicio generoso y desinteresado, sin buscar la recompensa ni la gloria personal. Ya se encargará Él de darnos la recompensa..., que no será precisamente pequeña.
Que Santa María nos ayude, pues, a encontrarnos con Jesucristo, que en cada celebración de la Eucaristía nos habla, nos alimenta y nos cura; y nos dé fuerzas para ser sus testigos y llevar así el amor y la misericordia de Dios a todos los hombres.

Mn. Ramón Clavería Adiego;
Director espiritual de Canal Romero.



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