lunes, 5 de marzo de 2018

REFLEXIONES DE LA PALABRA (CCCXXIX). Domingo III de Cuaresma


Día a día de Cuaresma nos vamos acercando cada vez más a la Pascua. Y en este tercer domingo, como en todos los domingos de cuaresma de este año, se nos presenta uno de los momentos principales de la historia de la salvación realizada por Dios en y con el pueblo de Israel, en concreto, hoy vemos como Dios habla a su pueblo tras haberlo liberado de la esclavitud de Egipto, y le da su ley, los Diez Mandamientos, el camino que el pueblo debe seguir para ser realmente el pueblo de Dios, un pueblo libre de toda esclavitud.
¿Y qué nos dice el primero de estos mandamientos? Qué el Señor es nuestro Dios. Que no tenemos que tener otros dioses. Es decir, el primer mandamiento es no divinizar nada que no sea Dios. Ninguna realidad humana, ningún bien material, ni el dinero, ni el bienestar material, ni el poder sobre los otros pueden ser dioses ni ocupar el lugar de Dios. Ahí vemos, en tanta guerra y corrupción el resultado de colocar todo esto en el lugar que le corresponde a Dios.
Resultado de imagen de expulsion mercaderesPues bien, Dios da la Ley al pueblo de Israel para que sea un pueblo libre. Y la plenitud de esta Ley se encuentra en Jesucristo, el Mesías, que es fuerza y sabiduría de Dios. En Jesús, a quien vemos en el evangelio que monta un revuelo de cuidado en el templo de Jerusalén porque no se respetaba la santidad de aquel lugar, y de ser un lugar para encontrarse con Dios, se había convertido en un mercado.
Y fijaos en una cosa: Jesús habla del templo de su cuerpo: “Destruid este templo, y en tres días lo levantaré”, les responde a los que se le concaran por actuar de la manera que hemos visto. Y es que Jesucristo muerto y resucitado es el templo último y definitivo, ya que en Él descubrimos a Dios, damos gloria a Dios y nos encontramos en oración con todos los creyentes.

Pues que la Virgen María nos ayude para que en este tiempo de Cuaresma dejemos entrar a Jesús en nuestro corazón, en nuestra vida, como entró en el templo de Jerusalén, arrasando con todo lo que nos estorba para llegar a Dios, y así nos purifique, nos limpie, expulse nuestros ídolos, todo lo que no nos ayuda a amar y que nos esclaviza, todo aquello que nos aleja de Dios.

Mn. Ramón Clavería Adiego;
Director espiritual de Canal Romero.

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