sábado, 9 de junio de 2018

REFLEXIONES DE LA PALABRA (CCCXLII). Domingo X del Tiempo Ordinario


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Hoy volvemos a retomar los domingos del Tiempo Ordinario, en los que seguiremos recordando los misterios de la vida pública de Jesús, sus milagros su predicación, y las reacciones de sus oyentes.
Y lo retomamos escuchando unas palabras fuertes de Jesús: “El que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tendrá perdón jamás.” Unas palabras que pueden sonarnos hasta desagradables, porque si Dios se caracteriza por algo, es precisamente por ser un Dios misericordioso que siempre nos perdona.
Pero es que tenemos que tener claro que el pecado contra el Espíritu Santo consiste precisamente en rechazar el perdón y la salvación que se nos está ofreciendo. Más en concreto, el pecar contra el Espíritu Santo el no aceptar ningún salvador, el no sentirse necesitado de salvación alguna. Es como el que está gravemente enfermo y no quiere ir al médico. ¿Qué le pasa? Pues que acaba muriéndose.
Por eso que tenemos que tener mucho, pero que mucho cuidadico, porque a nosotros nos puede pasar, como a los escribas del evangelio, que no nos sintamos pecadores, que no seamos capaces de descubrir tantas contradicciones, rupturas, deseos..., que no sepamos descubrir un mal del que necesitamos ser salvados. Cuántas veces, eh, cuantas veces decimos que no tenemos pecados... Qué como ni mato ni robo ni hago mal a nadie, no tengo pecados... ¡Y cuánto nos engañamos si pensamos así! Y es que si pensamos que nada es pecado, o que pecado es sólo lo que nos parece a nosotros, pues no nos reconoceremos pecadores... ¡Para mí esto no es pecado!, podemos decir, y de hecho decimos, muchas veces. Pues mirad, si pensamos así, nos estamos cerrando al ofrecimiento de perdón y a la conversión que Dios nos está ofreciendo constantemente.
Para creer todo esto, se necesita tener fe, es verdad. No podemos apoyarnos solo en lo que se ve, sino en lo que no se ve, que es eterno, como nos dice san Pablo. Por eso, nuestra esperanza tiene que estar puesta en Dios, en su misericordia, pues de Él nos viene la salvación, la redención copiosa. Una salvación a la que no debemos ni podemos poner trabas en nuestra vida.

Vamos a pedirle a la Virgen María, Madre de Dios, que ruegue por nosotros, pecadores, para que no apaguemos el Espíritu, sino que estemos siempre abiertos a recibir la luz de Dios en nuestras vidas, acogiéndonos a su misericordia.

Mn. Ramón Clavería Adiego;
Director espiritual de Canal Romero.

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