domingo, 26 de agosto de 2018

REFLEXIONES DE LA PALABRA (CCCLII). Domingo XXI del Tiempo Ordinario



Hoy contemplamos en el Evangelio la conclusión del discurso del Pan de Vida, donde se nos presenta la reacción de los discípulos a las palabras de Jesús, una reacción que el mismo Jesús provocó conscientemente. Y la reacción consistió en que muchos consideraron inaceptable el modo de hablar de Jesús, pues no entraba en sus planes ni se ajustaba a sus ideas, y por eso, muchos de sus discípulos se echaron atrás y no volvieron a ir con Él.
Resultado de imagen de XXI ordinario bCuriosamente, lo que le pasó al Señor Jesús en aquellos momentos hablando de la Eucaristía, sucede también en los nuestros, puesto que, si nos fijamos, hoy se declaran ateos muchos que antes, quizá, eran de misa y comunión diaria; o cuando la Iglesia se porta de modo “políticamente incorrecto”, y habla sobre determinados temas, como enseñanza, familia, aborto, u otros temas por el estilo, siguiendo las enseñanzas del Evangelio, y exige un compromiso en la vida, muchos se marchan porque es duro ese modo de hablar. Y es que realidades como estas se han dado y se continúan dando a lo largo de la historia: unos no aceptan la fe y otros otorgan a Cristo, Hijo de Dios, la adhesión más incondicional. Y en el caso de la Eucaristía, que es el que nos trae durante estos domingos, unos la desprecian y marginan, y otros encuentran en ella el alimento más importante de su fe.
Por eso que hoy es preciso preguntar, como vemos en la primera lectura que hizo Josué: ¿Por quién queréis optar?; ¿a quién queréis seguir?; ¿a quién queréis adorar?
En el Evangelio vemos que Pedro da una respuesta clara: “Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna”. Pues mirad, Pedro, hacía una propuesta que hoy, en una sociedad hinchada de palabras vacías, y cuando muchas palabras no significan ni tan solo lo que originalmente significan, resulta por lo menos muy atrevido... Por esto muchos no le escuchan.
Bueno; podría hablar largo y tendido sobre este capítulo del Evangelio, pero el tiempo es el que es, y ya sabemos lo que pasa con los sermones largos ¿no? Por eso, quiero terminar, como siempre hago, poniéndonos en manos de la Virgen María. Que Ella nos alcance el don de tener verdadera fe en Jesucristo, a fiarnos de Él y de su palabra, aunque a veces no la comprendamos. Pues solo abrazando a Jesucristo podremos alcanzar la vida eterna.


Mn. Ramón Clavería Adiego;
Director espiritual de Canal Romero.

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