viernes, 28 de septiembre de 2018

REFLEXIONES DE LA PALABRA (CCCLVII). Domingo XXVI del Tiempo Ordinario



Las lecturas de hoy nos muestran como Dios otorga libremente sus dones y su Espíritu a quien considera conveniente. Es el caso que vemos en la primera lectura, del libro de los Números, donde el Espíritu es dado a aquellos setenta y dos ancianos del pueblo, independientemente de lugar donde se encontraran; o de aquel hombre que nos cuenta el Evangelio que echaba demonios en nombre de Jesús y que no pertenecía al círculo de los discípulos más cercanos.
Resultado de imagen de XXVI ordinario bY es que una de las lecciones que tenemos que sacar del Evangelio de hoy es que Jesús nos invita a no ver malicia y oposición por todas partes, sino que nos anima a aceptar lo positivo que hay en las personas; cosa que tiene una relevancia muy especial en una sociedad tan abierta y plural como es en la que nos toca vivir a nosotros. Por eso que hoy es más importante construir puentes en vez de construir muros. Y eso no solo con los que puedan creer diferente que nosotros, o no creer; sino que también tenemos que hacerlo dentro de la misma Iglesia.
Y hay aún, en las lecturas de hoy, un par de temas que quiero considerar brevemente. Porque aparte de las intolerancias en el trato con los que no piensan como nosotros, también se nos muestra la denuncia del mal uso de los bienes materiales en las actitudes de codicia, y un punto que es preciso siempre evitar, que es el hecho de escandalizar. Y así como Santiago, en su carta, critica la corrupción y el enriquecimiento a costa de la explotación de los trabajadores, Jesús vuelve a hablar de los «pequeñuelos», igual que el domingo pasado, es decir, de las personas más débiles, y alerta contra cualquier acción que les escandalice y, por tanto, les pueda alejar de Él. Este tema del escándalo tiene una especial importancia en nuestros días, dada la generalización del escándalo con los niños y los pequeños en la fe, y que constituye una auténtica hipocresía por parte de aquellos que, debiendo ser ejemplo, se han aprovechado de los más pequeños y han abusado de ellos. No quiero alargarme en esto, pues es algo que me revuelve las tripas.
Vamos a pedirle a la Virgen que el Espíritu Santo que se derramó sobre nosotros el día de nuestro Bautismo, y también en la Confirmación, nos ayude a ser testigos del Señor Resucitado y a mostrar con nuestras palabras y obras, viviendo con coherencia nuestra fe, la belleza de creer en Cristo y en su Evangelio.

Mn. Ramón Clavería Adiego;
Director espiritual de Canal Romero.

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