miércoles, 10 de octubre de 2018

REFLEXIONES DE LA PALABRA (CCCLVIII). Domingo XXVII del Tiempo Ordinario


La Palabra de Dios que la liturgia pone hoy delante de nosotros, nos muestra, por un lado, la creación de la mujer, manifestando en ese lenguaje del libro del Génesis que tanto el hombre como la mujer han sido creados por Dios con la misma dignidad, y destinados el uno al otro en comunión de amor; y por otro lado, la advertencia de Jesucristo sobre la fidelidad de los esposos, la cual lleva a la indisolubilidad del matrimonio.
Resultado de imagen de xxvii ordinario bY es que en el sacramento del matrimonio, el hombre y la mujer se unen para formar una sola carne, un solo yo, un solo tú, una sola familia, una comunidad de amor. Sin embargo, la experiencia, sin embargo, nos dice que acoger esta llamada y llevarla a cabo es algo que con frecuencia nos supera, porque quizá no nos acabamos de creer que estamos hechos a imagen de Dios. Fijaos como Jesús contesta a los que defienden que Moisés permitía el divorcio, que tuvo que hacerlo «por la dureza de vuestro corazón», que aquello no entraba en los planes de Dios, y por eso recuerda esa sentencia del libro del Génesis, «lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre». Y es que el verdadero amor es para siempre. Fijaos, este jueves, en el pueblo de mi madre, que están celebrando las fiestas, un matrimonio que llevan 65 años casados –el con sus 95 años, y los dos con sus bastones- se pusieron a bailar como dos tortolicos el vals de las mariposas en mitad del concierto... Y muy bien bailado, por cierto. Un ejemplo de cómo muestran tantas y tantas personas mayores su firmeza, sus agallas, cuando tras tantos años, siguen unidos en la salud y en la enfermedad, en lo bueno y en lo malo... Y ahí ha estado el truco... en estar juntos en lo malo, apoyándose y saliendo adelante.

¿Qué a lo mejor estamos poniendo el listón demasiado alto? Pero toma... ¡Es que Dios nos llama a ser perfectos y santos! Pero también somos conscientes, no obstante, de nuestras limitaciones y, por esto, no estaría de más que tomásemos aquellas palabras de ánimo de san Felipe Neri: «Sed buenos si podéis».

Vamos a pedirle a la Virgen, en este día en que recordamos esa advocación suya tan popular que es la Virgen del Rosario, que todas nuestras relaciones con os demás estén siempre marcadas por la fidelidad, la gratuidad, el perdón y sobre todo, por el perdón desinteresado.


Mn. Ramón Clavería Adiego;
Director espiritual de Canal Romero.

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