lunes, 19 de noviembre de 2018

REFLEXIONES DE LA PALABRA (CCCLXIII). Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario



Cuando nos vamos acercando al final del año litúrgico, la Iglesia, con su pedagogía, nos recuerda que en este mundo estamos de paso, que existe una vida futura, y que vamos de camino hacia la Patria definitiva. Las lecturas de hoy nos hablan del final de los tiempos y nos anuncian que, en medio de situaciones difíciles y dolorosas, está la promesa esperanzada de salvación de Dios para su pueblo.
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Por eso el mensaje central de las lecturas de hoy es la segunda venida de Jesucristo en poder y majestad al final de los tiempos, cuando el Hijo del hombre, que  con su entrega, nos ha liberado del pecado y nos ha abierto las puertas de la vida para siempre; volverá triunfante sobre la muerte, sobre toda muerte, y será contemplado como Dios era contemplado en el Antiguo Testamento, en la nube, proponiendo un futuro en el que el mundo ya no será regido por el mal y por el pecado, un mundo que será transformado. Y es que el desenlace final de la historia no puede excluir a Dios, sino que, en realidad, le pertenece a Él. Incluso cuando vemos que poderes muy grandes se levantan contra Dios, queriéndolo quitar de en medio y ocupar su lugar; e incluso cuando vemos que ante nuestros propios ojos se desarrolla una batalla encarnizada, llegando a haber quienes tienen que entregar hasta su vida por ser consecuentes con su fe, como podemos apreciar en varios países en los que se persigue a muerte a los cristianos, tenemos que mantener la esperanza, pues la última palabra la tendrá Dios, y aunque el cielo y la tierra pasen y se terminen, su palabra no pasará.
Y puesto que desconocemos el día y la hora en que volverá el Señor, se nos hace una llamada a vivir responsablemente nuestra vida cristiana. Por eso, mientras esperamos la venida del Señor, cuya hora y día, repito, desconocemos, tenemos que estar vigilantes, reconociéndole y asistiéndole en todos los que sufren cualquier tipo de pobreza y necesidad.
Que la Virgen María nos ayude a ofrecer nuestra cercanía sincera, oración y ayuda generosa a tantas personas que, cerca o lejos de nosotros, sufren las muy variadas formas de pobreza que se dan hoy en nuestro mundo; de un modo especial, la pobreza en la fe.


Mn. Ramón Clavería Adiego;
Director espiritual de Canal Romero

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