lunes, 10 de diciembre de 2018

REFLEXIONES DE LA PALABRA (CCCLVII). Domingo II de Adviento


                                                                                          
Durante el tiempo de Adviento la liturgia pone de relieve de un modo especial a dos figuras muy especiales que preparan la llegada del Mesías. A una la celebrábamos ayer, que es la Virgen María; y hoy, san Lucas nos presenta a Juan Bautista, quien se define a si mismo como la “voz que grita en el desierto: preparad el camino al Señor, allanad sus senderos”.
Imagen relacionadaPues bien, Juan Bautista, que es el último y el más grande de todos los profetas, nos anuncia un mensaje de salvación de alcance universal. Nos dice que todos verán la salvación de Dios. Y para eso anima y mueve a todos a convertirse, a cambiar su corazón para recibir al Mesías.
Pero este mensaje de Juan Bautista no es solo para los hombres y mujeres de su tiempo. No. Este mensaje es también para nosotros, para que sepamos encontrar el auténtico sentido del Adviento como celebración de esperanza cristiana alegre y exigente, pues Dios viene para salvarnos. Por eso,  tenemos que prepararnos interiormente para recibirle, sin dejarnos despistar por todas las luces y campañas comerciales que adelantan la Navidad y que nos invitan a consumir. El Adviento nos recuerda que la verdadera Navidad la tenemos que vivir por dentro, recibiendo a Cristo en nuestra vida, acogiéndolo con un corazón nuevo, convertido y agradecido. Para ello, tendremos que allanar el camino y rebajar las colinas; es decir, abrir paso entre las prominencias de la prepotencia, el orgullo, el egoísmo, el dominio, el mercantilismo que obstaculizan la llegada de un mundo verdaderamente humano y según el proyecto de Dios.

Mn. Ramón Clavería Adiego;
Director espiritual de Canal Romero.

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