viernes, 7 de diciembre de 2018

REFLEXIONES DE LA PALABRA (CCCLXVI). Solemnidad de la Inmaculada Concepción



Dentro del tiempo del Adviento, la Virgen María ocupa el lugar más importante en la espera del Señor Jesús. Y la fiesta de su Inmaculada Concepción es la gran fiesta mariana del Adviento. Hoy se nos propone de una forma especial el ejemplo de Santa María, la Virgen Purísima, para que la recordemos como la primera salvada y como el modelo de toda la humanidad redimida; y también para que cada uno de nosotros no impidamos ni pongamos trabas a la obra de la gracia de Dios en nuestra vida y en nuestro mundo por nuestra increencia, nuestros pecados y nuestras impurezas.
La fiesta de hoy nos pone al frente una verdad cristiana tradicional, no fácil de entender, y hoy, de especial dificultad, que es la del pecado original. Esa herida que llevamos en el alma, y que tenemos tan olvidada, hasta el punto de que a veces llegamos a no creérnosla. Pero la realidad es que ahí está, aunque, por gracia de Dios, se nos perdona y borra en el Bautismo. Pero no es menos cierto que ahí están sus consecuencias, como una herida en la planta del pie que hace que estemos siempre cojeando, y que hace que siempre estemos inclinados al egoísmo y al pecado; porque, reconozcámoslo... el cometer pecados, y según que pecados, es muy laminero... Y lo gordo es que encima ni queremos aceptar que sea pecado lo que queda fuera de matar y robar... Hay que admitirlo: estamos expuestos al engaño, que nos ofrece algo apetitoso en donde se ocultan el desastre y la perdición.
Mirad, Adán y Eva muestran a la humanidad cuando se encierra, cuando se rebela y cede a la tentación de la autosuficiencia, de romper con Dios para querer ser como Él. La narración del Génesis nos describe, con lenguaje simbólico, que cuando no confiamos y obedecemos a Dios, estamos abriendo las puertas al desamor, al desorden, al caos y a los miedos, o sea, al pecado y al mal en todas sus variantes.
Y es que tenemos que admitir que desde el principio, la humanidad se ha alejado del camino de Dios. Las primeras páginas de la Biblia, como vemos, nos narran con lenguaje popular esta ruptura. Pero, desde el principio también, Dios promete que de la estirpe humana surgirá alguien de rehacer esta relación rota. Desde el principio, más allá de las rupturas y las infidelidades, Dios ha querido darnos su salvación y su vida. Lo ha hecho en el Hijo Jesucristo, que ha venido a este mundo y ha muerto y ha resucitado para nuestra salvación. Y hoy vemos realizada esta voluntad amorosa de Dios en la Inmaculada Concepción de la Virgen María. Por eso, las maravillas obradas por Dios en la Virgen María se convierten en un anuncio de su amor también hacia nosotros, que somos regenerados del pecado original en las aguas bautismales, y de nuestros pecados personales en el sacramento de la reconciliación.
Que Ella, Inmaculada y santa Madre del Salvador, Virgen Purísima, nos ayude a confiar en Dios; a ofrecerle nuestra existencia, y nos alcance en medio de tanta miseria cultural y espiritual en la que nos ha tocado vivir el caminar por el camino de la pureza evangélica.


Mn. Ramón Clavería Adiego;
Director espiritual de Canal Romero.

LANGUAGE

VISITAS EN CANAL ROMERO

CANALROMERO.COM 2008-2018 (C) Bajo licencia Creative . Con la tecnología de Blogger.

CANAL ROMERO EN GOOGLE+