martes, 25 de diciembre de 2018

REFLEXIONES DE LA PALABRA (CCCLXX). Navidad


Los pueblos de tradición cristiana celebramos la peculiar fiesta de la Natividad de nuestro Señor Jesucristo, en la que celebramos uno de los grandes misterios de nuestra fe, que es que el Hijo de Dios se ha hecho hombre y ha puesto su morada entre nosotros en el niño de Belén, manifestando así la gracia de Dios que trae la salvación para todos los hombres.
Y es que, como nos dice la carta a los Hebreos, Dios ha hablado de manera definitiva a través del Hijo. Por medio de Jesucristo, Dios se ha dado a conocer totalmente a la humanidad. Y se ha empezado a dar a conocer en un niño débil, frágil... mostrando de este modo su grandeza y a lo que está dispuesto a hacer por amor a todos nosotros; pues la fiesta de Navidad nos enseña que Dios os ha querido revelar su fuerza y su poder a través de lo pequeño y lo débil. Por eso, al celebrar la hoy Navidad, podemos decir que el cielo y la tierra se han encontrado. Y la consecuencia de este encuentro la proclaman los ángeles; que como vemos en el Evangelio cantan «Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad».
Por ello, como aquellos pastores, hoy cada uno de nosotros nos postramos ante el Niño Jesús llevándole lo que somos, todas nuestras pobrezas, dejándonos tocar por Él para sentirnos llenos de su presencia; una presencia misteriosa, una presencia que quizá no sea todo lo espectacular que quisiéramos, pero que no por ello, es menos real. A lo mejor todos tenemos la tentación de buscar hechos maravillosos en nuestra vida para poder encontrarnos con Dios en ella. Pero, sin embargo, como cantamos en un villancico popular, entre un buey y una mula, Dios ha nacido, y en un pobre pesebre lo han recogido.
Y es que hoy será de verdad Navidad para nosotros si somos capaces de encontrar la presencia de Jesús, el Verbo encarnado, en nuestra vida. Y para ello no tenemos que buscarlo en los grandes fastos y acontecimientos extraordinarios, no, qué va; sino que tenemos que mirar hacia lo cotidiano de nuestra vida, en medio de nuestra rutina, y allí, lo encontraremos de verdad.
Qué la Virgen María, y san José, a quien no podemos separar de Ella en estos días en ningún momento, nos ayuden a descubrir el misterio del Verbo hecho carne, y así podamos vivir una jubilosa y feliz Navidad en la ternura y la esperanza.


Mn. Ramón Clavería Adiego;
Director espiritual de Canal Romero.

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