martes, 15 de enero de 2019

REFLEXIONES DE LA PALABRA (CCCLXXIV). Fiesta del Bautismo del Señor



Resultado de imagen de bautismo de jesusA lo largo del año litúrgico vamos recordando los momentos más importantes y destacados de la vida de Jesús. Hace unos días celebrábamos su Nacimiento y su manifestación como Salvador de todos los hombres. Hoy damos un salto de 30 años en el tiempo, y del Niño recién nacido, que hemos contemplado y adorado en Belén, pasamos a recordar su bautismo, como signo y confirmación de que es el enviado de Dios, el Hijo predilecto, lleno del Espíritu Santo. A partir de ahora es cuando Jesús va a comenzar su misión evangelizadora, anunciando que el Reino de Dios está cerca.
Y es que en Jesucristo, hecho uno de nosotros, se manifiesta la gloria de Dios que, como dice san Pablo, trae la salvación para todos los hombres. Él no es un simple profeta o un enviado. Jesús es el Hijo amado del Padre, en quien resplandece totalmente la divinidad, el que nos ha bautizado con Espíritu Santo y fuego, haciendo de nosotros hijos adoptivos de Dios renacidos del agua y del Espíritu y transformándonos interiormente para que podamos llamarnos y ser en verdad hijos de Dios.
Porque tenemos que tener claro que el bautismo cristiano no es el bautismo de Juan. El bautismo de Juan era solo una señal externa de un deseo de purificación, un rito de agua que administraba a los que venían a él arrepentidos de sus pecados y que querían emprender un nuevo modo de vivir. En cambio, el bautismo cristiano, que es el que hemos recibido nosotros, es signo del don del Espíritu, que purifica del mal y del pecado, y que hace nacer a una vida nueva, rehecha, renovada, transformada para vivir el amor a Dios y al prójimo.
Por tanto, el que Jesús se acerque a recibir el bautismo de Juan, expresa su solidaridad con los pecadores, por quienes llegará a entregar su vida en la cruz. Su bautismo en el Jordán como si fuera un pecador, manifiesta que Jesús no es un Mesías como el que estaba esperando la gente, político, glorioso y triunfador, no; sino que es un Mesías pobre y doliente, amigo de publicanos y de pecadores. Por eso que, siguiendo su ejemplo, nosotros, sus discípulos, tenemos que solidarizarnos con los pecadores, y acogerlos, tratarlos con cariño y comprensión, no escandalizarnos de sus pecados y ayudarles a convertir su vida hacia Jesucristo, bien recibiendo el bautismo, o el sacramento de la reconciliación.
Que Santa María nos ayude, pues, a recordar que somos cristianos y a vivir como tales, sirviendo a Dios y a los demás, haciendo e bien, como nos enseñó Jesucristo, sin poner el ideal de nuestra vida en el dinero, el triunfo o en la gloria humana; sino en el servicio sencillo y humilde.


Mn. Ramón Clavería Adiego;
Director espiritual de Canal Romero.

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