sábado, 23 de marzo de 2019

REFLEXIONES DE LA PALABRA (CCCLXXXV). Domingo III de Cuaresma



A simple vista, las lecturas de este domingo pueden parecer muy dispares. Pero si nos fijamos un poco, veremos que tratan de lo mismo. Hablan de un Dios que está constantemente acercándose a su pueblo advirtiéndole..., corrigiéndole..., alentándole... En pocas palabras: nos hablan de un Dios que se acerca a su pueblo amándole.
No hay ninguna descripción de la foto disponible.Y es que el Dios que nos anuncia Jesucristo es un Dios que es compasivo y misericordioso, que nos conoce mejor que si nos hubiera parido; y porque nos conoce y conoce nuestra debilidad es paciente con nosotros, y espera que demos buenos frutos.
¿Y cuáles son estos frutos que tenemos que dar? Pues frutos de conversión. ¿Y que es convertirse?... Pues mirad; convertirse es cambiar radicalmente el modo de vida y colaborar con la gracia de Dios en la vida cotidiana, reordenando la vida según la santidad y la bondad de Dios. Convertirse consiste en romper con el pecado y recuperar la comunión con Dios, con la Iglesia y con los hermanos por medio del sacramento de la reconciliación; convertirse consiste en volver a la fidelidad de las promesas bautismales; convertirse consiste en volver a entrar en la esfera de lo divino; convertirse consiste en renacer de nuevo del agua y del Espíritu. Convertirse no solo consiste en cumplir practicas externas, sino en vivir el espíritu de las bienaventuranzas y caminar con Cristo. Convertirse no solo consiste en corregir algún defecto, sino en adquirir una constante capacidad de hacer el bien. Convertirse nos solo consiste en no faltar a la caridad, sino en estar dispuesto a construir amor fraterno... Fijaos cuántas cosas implica y exige la conversión.
Pero atentos... Atentos y no creamos que la conversión y la penitencia son para otros más pecadores que nosotros. Ya nos dice san Pablo que el que se crea seguro vaya con cuidado no vaya a caer. Por eso tenemos que mentalizarnos en general y en particular de que necesitamos ser salvados por Jesucristo y preocuparnos de caer en la cuenta de que tenemos necesidad de caminar, de cambiar, de convertirnos.
Vamos a pedirle a la Virgen María que nos ayude a ponernos cara a cara con nosotros mismos, con sinceridad, y ver en qué tenemos que cambiar en esta vida. Porque todos, todos, tenemos algún defecto que corregir. Porque todos, sin excepción, estamos llamados por Dios a ser santos.

Mn. Ramón Clavería Adiego;
Director espiritual de Canal Romero.

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