sábado, 18 de mayo de 2019

REFLEXIONES DE LA PALABRA (CCCXCIII). Domingo V de Pascua



Resultado de imagen de V pascua CLos textos que proclamamos hoy, especialmente la lectura apocalíptica y el evangelio, muestran que una de las conclusiones que los primeros cristianos sacaron de la experiencia pascual es que el amor vence sobre la muerte y el odio.
La visión del Apocalipsis nos presenta la nueva sociedad o familia de los hijos de Dios. En ella abunda la paz, la fiesta y la alegría. Se trata de un mundo renovado en profundidad por la obra de Jesucristo, de una propuesta nueva, alternativa, a la sociedad de hoy. Y eso es lo que tenemos que ser nosotros, los cristianos, la Iglesia, el Pueblo de Dios... Porque el deseo de Dios es una humanidad santa, un universo nuevo, porque es nuevo el corazón de los humanos, donde Dios enjugará las lágrimas de sus ojos, y en la que ya no habrá ni muerte, ni llanto, ni luto, ni dolor... porque el primer mundo ha pasado.
Y para eso, tenemos una herramienta, una hoja de ruta, como está de moda decir hoy, que es el mandamiento del amor. Si queremos comenzar a construir ya aquí el cielo nuevo y la tierra nueva del Apocalipsis, es necesario que ya ahora seamos aquellos que enjugan las lágrimas de los demás estando a su lado, acogiendo, compadeciendo, sirviendo, en lugar de ser los que hacen verter lágrimas a los demás por nuestro egoísmo, por nuestra falta de amor...
También es verdad que se habla mucho del amor. Pero muchas veces llamamos «amor» a formas y maneras que no son sino una manera de degradarlo. Sin embargo, en las palabras de Jesús nos queda claro de qué amor se trata cuando él nos dice que debemos amar. Se trata del amor con que él amó; del amor puesto en práctica por Él mismo. Es su manera bien concreta de amar. No son palabras, son hechos, no es teoría, es vida. Es un amor universal, sin fronteras; es un amor centrado en el otro, que nos ayuda a salir de nosotros mismos, un amor que nos hace pensar, en primer lugar en lo que le ocurrirá al otro, no en lo que nos ocurrirá a nosotros si lo amamos o no lo amamos;  es un amor que no hace cálculos y no espera recompensas, un amor gratuito y generoso. Es un amor que ama hasta dar la vida por todos.
Pues que Santa María, la Virgen, nos ayude a todos a vivir el mandamiento nuevo, o mejor dicho, el regalo de ser capaces de amarnos los unos a los otros como Jesús nos ha amado.

Mn. Ramón Clavería Adiego;
Director espiritual de Canal Romero.

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