domingo, 14 de julio de 2019

REFLEXIONES DE LA PALABRA (CCCXCIX). Domingo XV del Tiempo Ordinario



En el Evangelio de hoy proclamamos la famosa parábola del Buen Samaritano. ¿Quién era este hombre?¿Por qué Jesús elige a un samaritano como protagonista de la parábola?
Pues Jesús elige un samaritano para dar a entender a quien tenemos que tener por nuestro prójimo. Y para eso, ante un escriba judío, o sea, un experto en leyes,  pone el ejemplo de un samaritano.
Imagen relacionada¿Por qué este ejemplo? Mirad; si leemos la Escritura, veremos que los samaritanos y los judíos se llevaban como el perro y el gato, y se despreciaban mutuamente por las distintas tradiciones religiosas. Sin embargo, Jesús nos muestra en esta parábola que el corazón de este samaritano es bueno y generoso y que pone en práctica la voluntad de Dios, que quiere la misericordia y no la condena hacia los demás, porque Él es misericordioso y sabe comprender bien nuestras miserias, nuestras dificultades..., y  también nuestros pecados.
Pero quiero que os fijéis en una cosa, que nos suele pasar desapercibida al escuchar este fragmento del Evangelio, pues nos solemos quedar simplemente con la parábola, y no vamos al origen de la cuestión; y es que aquel escriba pregunta a Jesús qué es lo que tiene que hacer para heredar la vida eterna; y Jesús le responde que, si quiere heredar la vida eterna, si quiere ir al cielo, tiene que amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a sí mismos. Y esa respuesta va también para todos nosotros. Por eso, la parábola del Buen Samaritano es el ejemplo de que tenemos que considerar a todos como prójimos nuestros.
Y a eso es a lo que tenemos que ir. A preocuparnos por la vida eterna. Porque Jesucristo no ha venido para ser un líder revolucionario, no... Jesucristo ha venido al mundo para salvarnos, para que tengamos vida eterna. Y esa es su prioridad absoluta: que tengamos la vida eterna; como nos recuerda san Pablo en la segunda lectura de hoy al decir que por medio de la muerte de Jesucristo en la cruz Dios ha querido reconciliar  consigo todos los seres, tanto del cielo como de la tierra. Y es que si nos olvidamos de que Jesucristo es el Salvador, y que ha venido a este mundo para salvarnos y darnos la vida eterna, nos estamos haciendo una imagen falsa y caricaturesca del Señor Jesús.
Vamos a pedirle por tanto a la Virgen María que sepamos buscar la vida eterna, pero sin desentendernos de este mundo, sin dar rodeos ante las necesidades de los demás; sino imitando la compasión y la misericordia de Jesucristo con todos los que nos encontremos cuando salgamos a los caminos de la vida.


Mn. Ramón Clavería Adiego;
Director espiritual de Canal Romero.

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