miércoles, 17 de julio de 2019

REFLEXIONES DE LA PALABRA (CDI). Domingo XVII del Tiempo Ordinario



La liturgia de la palabra de este domingo destaca la necesidad de orar y enseña también la manera de hacerlo. En el Evangelio vemos como Jesús reza solo, en un lugar apartado; y que, cuando termina, los discípulos le piden: «Señor, enséñanos a orar». La respuesta de Jesús es que recen llamando a Dios «Padre». Y les enseña la oración del padrenuestro. Hay que decir que la versión del padrenuestro que nos presenta el Evangelio de Lucas que proclamamos hoy no es la que recitamos habitualmente, que es la del Evangelio de Mateo, pero nos sigue mostrado a un Dios afectuoso, cercano a su pueblo, preocupado por sus seguidores, atento a dar el alimento necesario, dispuesto a perdonarlo todo y a ponerlo en marcha otra vez hacia la tierra prometida... Pues mirad: ese es el Dios de Jesucristo, ese es el Dios de los cristianos, ese es el Dios al que rezamos.
Resultado de imagen de xvii ordinario cPor eso que Jesús invita a sus discípulos a asumir ante Dios la actitud de un niño que, con simplicidad, se entrega confiadamente en las manos de su padre, y que acoge naturalmente su ternura y su amor. Así nos los quiere dejar claro Jesús cuando en las dos parábolas que siguen a la oración del padrenuestro toma como modelo la actitud de un amigo respecto a otro amigo y la de un padre hacia su hijo. Las dos parábolas nos quieren enseñar a tener plena confianza en Dios. Y es que Dios es nuestro amigo, pero, sobre todo, Dios es nuestro Padre.
Y fijaos en una cosa: Jesús insiste en que la actitud del orante tiene que ser de una confianza inquebrantable, pues Dios siempre responderá a nuestras oraciones. Otra cosa es que dé la respuesta que nosotros queramos, que no siempre es lo que necesitamos, pues Dios conoce mucho mejor que nosotros cuáles son nuestras auténticas necesidades y lo que nos conviene de verdad. Por eso que tenemos que rezar siempre con insistencia, sin cansarnos, sin venirnos abajo, como hizo Abrahán, a quien vemos en la primera lectura que intercede por las ciudades de Sodoma y de Gomorra, ejemplo de corrupción y depravación en la antigüedad.
Vamos a pedirle, pues, a la Virgen María, maestra de oración, que sepamos dirigirnos a Dios como un Padre que nos cuida y nos ama, agradeciéndole la salvación que hemos recibido de Jesucristo, y a la que nos hemos incorporado por el bautismo.

Mn. Ramón Clavería Adiego;
Director espiritual de Canal Romero.

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