jueves, 22 de agosto de 2019

REFLEXIONES DE LA PALABRA (CDIV). Domingo XX del Tiempo Ordinario



Dice un refrán popular que «diciendo verdades se pierden amistades». Entonces, lo más fácil -pensamos- es no decir nada, callar y no quedar mal y no ser así cuestionados. De esta manera, la vida -que ya es bastante complicada- puede resultar más plácida. Pero hoy las lecturas de la Palabra de Dios que acabamos de escuchar y de proclamar nos dicen más bien lo contrario: que hace falta ser auténtico y decir sí cuando es sí y no cuando es no. Es cierto que eso nos puede traer complicaciones, como vemos en la primera lectura que le trajo al profeta Jeremías, que fue perseguido, calumniado, y hasta exiliado por proclamar la palabra de Dios. Y bueno... no digamos como le fue a Jesús por decir la verdad... Él mismo en el evangelio ya avisa que la que le espera por decir la verdad es gorda y, como, el decir la verdad e ir de cara en la vida nos puede gastar alguna que otra mala pasada.
Resultado de imagen de domingo XX ordinario CPero si decimos que somos cristianos, tenemos que ser así. Ya es triste que en el mundo se vaya con muchas mentiras por delante y que, lamentablemente, muchos que se dicen cristianos, a todos los niveles, sean más embusteros e hipócritas que Judas Iscariote - y no me refiero precisamente a mentirijillas sin importancia-. Y es que Jesucristo quiere que seamos cristianos auténticos, valientes y sinceros aunque esto lleve problemas a simple vista, pues la fe no es un adorno, sino que ha de ser algo que mueva nuestra vida. Mirad: la fe y la religión no se pueden quedar en la esfera de lo privado, como se nos quiere vender e imponer a nivel político muchas veces. No. La fe y la religión son algo que empapan a toda la persona. Y quien de verdad es creyente y dice que tiene fe, no puede ir en contra de ella. Claro, que a la hora de poner las cosas en práctica, si se trata en asuntos de religión... pues la cosa cambia ¿verdad?, y no hay que ser tan radicales... hay que separar y no pensar siempre religiosamente... ¡Pues no! No se puede separar fe y vida. Y el que diga lo contrario, es que no se ha enterado de lo que es ser cristiano y verdadero discípulo de Jesucristo.
Vamos a pedirle, pues, a la Virgen María, que nos ayude para ser verdaderos discípulos de Jesucristo que caminan al encuentro con su Señor, aunque sea entre oposición y renuncias; pero con la seguridad de que con nosotros va el Señor, que nos prometió su presencia hasta el final de los tiempos.

Mn. Ramón Clavería Adiego;
Director espiritual de Canal Romero.

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